MENORES DE EDAD TRABAJAN EN LAS VACACIONES DE VERANO

Niños de las diversas comunidades de la zona maya no tienen acceso a programas vacacionales, ya que deben ayudar a sus padres en labores del campo, para así ahorrar un poco de dinero para el regreso a clases.

Agencia Informativa Y-K

Kantunilkín, Lázaro Cárdenas.- En la cabecera del Municipio Lázaro Cárdenas el trabajo infantil se realiza más por necesidad que por explotación infantil. Es un hecho que los niños que salen a vender a las calles, lo hacen por la necesidad de ayudar a sus padres con los gastos de la casa.

Se conocen varios casos de familias donde los infantes, menores de 10 años de edad, venden fritangas en las calles y en eventos públicos para poder obtener unos pesos de ganancia, los cuales les sirven para cubrir gastos de la casa o para comprar útiles escolares durante el próximo ciclo escolar.

Sin embargo, esos niños acuden puntualmente a sus centros de estudio en los turnos vespertinos, ya que, en ocasiones, hasta ya entrada la noche aún están vendiendo en eventos masivos, pero siempre apoyados por sus padres quienes hacen lo mismo en puestos ambulantes situados en los alrededores de las concentraciones.

Sin embargo, y según la opinión de algunos de los involucra- dos, esta situación no se podría catalogar propiamente como explotación infantil, puesto que realizan dicha actividad por la necesidad de tener uniforme y zapatos para la escuela, útiles escolares y cubrir otros gastos inherentes a la familia. Es una realidad que de contar únicamente con el ingreso del padre, quien, haciendo trabajos de albañilería, a duras penas logra ganar 500 pesos semanales, sería imposible sufragar los gastos cotidianos.

Por su parte, el DIF Municipal informó que se trabaja con ellos a través del Programa de Atención a Menores y Adolescente en Alto Riesgo (Pamar), mediante el cual se les ofrece una beca y pláticas para la prevención de adicciones.

“Estos niños que sudan empujando un carro de paletas para poder tener dinero para adquirir ropa, calzado o útiles escolares, son quienes a final de cuentas valoran más el esfuerzo y se entregan con mayor esmero y dedicación a la escuela. En estas familias no hay cabida para vicio alguno, saben que gastarse lo mínimo en eso representaría no comprar, por ejemplo, el frijol o las tortillas”, destacó un docente entrevistado.

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