Sexta ola de Covid: novedades de la pandemia

EL UNIVERSAL.- El invierno se acerca y a pesar del aumento de casos, ya no es el SARS-CoV-2 el microrganismo dominante. Mauricio Rodríguez Álvarez, académico del Departamento de Microbiología y Parasitología de la Facultad de Medicina de la UNAM y vocero de la Comisión Universitaria para la Atención de la Emergencia Coronavirus, dice que existen otros actores: influenza, catarros comunes y el virus sincicial respiratorio.

“Hay más incidencia del virus sincicial respiratorio y también son claros los niveles de influenza más altos de los últimos cinco años. Eso cambia la dinámica de la epidemia”, dice Rodríguez y subraya que es porque en los últimos dos años prácticamente no circularon estos virus y ahora se vuelven a posicionar en una nueva distribución ecológica de los microrganismos. Ahora el Covid está acompañado. 

“Para entender cómo ha ido evolucionando el fenómeno del Covid sirve de referencia lo sucedido en otros países”. El especialista señala que los escenarios son diversos y las estrategias de otros países ya no se pueden aplicar de la misma forma porque la geografía, las condiciones climáticas y el comportamiento social de las poblaciones han determinado el ritmo más cambiante de las últimas olas del SARS-CoV-2. 

Rodríguez pone de ejemplo a Estados Unidos, donde a pesar de la gran disposición de las vacunas, su población es renuente a la vacunación y viven otra ola de contagios; aunque dosis extras y refuerzos se siguen manteniendo. “Tienen una ola muy grande, llevan casi ocho meses con unos 300 muertos diarios, un impacto extremadamente fuerte y que les hace seguir una estrategia diferente”.

“En México tenemos esquemas muy altos de vacunación desde los cinco años hasta los adultos mayores y se aplicaron refuerzos apropiadamente”. Señala que las tasas de vacunación sumadas a la experiencia de la enfermedad, es decir, la inmunidad adquirida por todos los que se contagiaron, es probable que hayan provocado que en nuestro país exista una inmunidad superior al 90%. 

Señala que por el momento el virus no ha mostrado tantos cambios, por lo que es probable que se esté cercando hasta quedarse como un virus del catarro común; pero aún es prematuro decir si en México siempre se necesitará una dosis de la vacuna actualizada. De ser así, se seguirían estrategias similares a las de la influenza, para la que se traen alrededor de 30 millones de dosis.

Consigna que en el país estamos al inicio de la sexta ola, pues desde el 24 de octubre se vio un cambio de tendencia con más casos cada semana respecto a la semana previa; sin embargo, aún estamos en niveles muy bajos de menos de mil casos diarios, un nivel bastante bajo, comparado con la ola vivida en el verano pasado cuando se llegaron a tener hasta 40 mil casos en un día. “Ahora el énfasis es que las personas enfermas se aíslen, que usen cubrebocas para no contagiar. Los básicos de protección siguen aplicando”.

Aunque explica que al tener un esquema completo y un refuerzo se adquiere un nivel suficiente de protección contra enfermedad grave y muerte. 

Nuevos escenarios

A pesar del momento optimista, puede seguir habiendo reinfecciones con el riesgo de generar nuevas variantes y subvariantes, así como ir descubriendo nuevas secuelas. Además, aún no se sabe qué consecuencias traerá un evento como el Mundial de futbol, que congrega a más gente en los hogares y eventos masivos

Pero la investigación no se detiene. Sigue la búsqueda por mejorar las vacunas para enfrentar mejor las mutaciones, como las vacunas polivalentes que abarcan las mutaciones prevalecientes. También se trabaja en vacunas combinadas, ya sea para el SARS-CoV-2 y la influenza, o para estos dos virus más el sincicial respiratorio (bronquiolitis), los platos fuertes de la temporada. 

“Varios laboratorios trabajan con la idea de que una misma vacuna cubra contra el impacto de influenza y Covid-19. Aquí el punto es que la influenza son tres o cuatro virus, más dos variantes del SARS-CoV-2. Esto la convierte en una vacuna con un gran número de antígenos, pero es posible”. Pfizer y Moderna tienen estos proyectos. Y es factible que a los más vulnerables se les tenga que poner refuerzo de Covid-19 cada año, en lo que termina de estabilizarse la pandemia. 

El especialista subraya que también es probable que migremos a las vacunas intranasales, como el caso del proyecto mexicano Patria, aún en fase de ensayos clínicos y que se maneja en spray nasal. “Se intenta lograr una respuesta inmune suficientemente buena como para evitar la transmisión del virus y con eso sí se cortarían los contagios, porque desde la tercera ola de Delta en el verano de 2021 nos dimos cuenta que las vacunas existentes no iban a detenerse. Con las vacunas inhalables probablemente si se podría romper la cadena de transmisión”.

Rodríguez comenta que Patria se mantiene en ensayos clínicos, pues es muy complicado evaluar una vacuna nueva con una población ya vacunada, sólo se puede evaluar como refuerzo; sin embargo, el proyecto está avanzando. 

El entrevistado señala que estos nuevos avances podrían ser un gran momento para la biotecnología porque la mejor inmunidad es la que replica la inmunidad de la infección natural y si esta ocurre por la infección de la nariz y la garganta, entonces lo mejor es que esta sea la vía de vacunación. “La mayoría de las vacunas que utilizamos son inyectables en el músculo o en la piel y eso hace que tengan una protección limitada, pero aun así desatan una protección suficiente para justificar su uso”, puntualiza.


El futuro de las epidemias

Los coronavirus se mantienen como una gran amenaza por su amplia distribución, cantidad de reservorios y facilidad para brincar a los humanos. El Covid-19 fue el tercer coronavirus en saltar de animales a humanos desde el inicio de este siglo, después del SARS y el MERS. Es así que los científicos siguen explorando un caleidoscopio de tecnologías para diseñar diferentes vacunas. 

La Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias (CEPI) juega un importante papel en el financiamiento de proyectos de investigación independientes para desarrollar vacunas contra enfermedades infecciosas emergentes. Fundada en 2017, su objetivo es desarrollar las primeras fases de las vacunas antes de conocer detalles sobre cómo aparecerá la infección. 

Se busca que las vacunas generadas se adapten progresivamente para ganar tiempo y mejorar su eficacia como cura para cada epidemia en particular. Actualmente apoyan varios proyectos. Existen buenos resultados en pruebas con animales con la vacuna de nanoparticulas de mosaico-8, que tiene la capacidad de proteger contra el SARS-CoV-2 y otros siete betacoronavirus.

Diferentes laboratorios en todo el mundo siguen explorando formas de lograr atacar regiones del virus que brinden mayor efectividad. Tal es el caso de especialistas del Departamento de Farmacología de la Facultad de Medicina en Hershey, Pensilvania, quienes apoyándose en la biología computacional han identificado nuevas áreas en la proteína pico del SARS-CoV-2 que son menos susceptibles a mutar y que sirven para diseñar proteínas que pueden provocar una mejor respuesta inmune no sólo en el caso del Covid-19, sino también en otras enfermedades.

Para los organismos de salud internacionales se debe mantener el desarrollo y la introducción de los antivíricos orales, así como la investigación de nuevas vacunas. 

El Acelerador del Acceso a las Herramientas contra Covid-19 (Acelerador ACT) lanzó un plan para los próximos seis meses de monitoreo intensivo del virus, mientras que la Organización Mundial de la Salud ha convocado a más de 300 científicos que examinarán las pruebas sobre más de 25 familias de virus y bacterias para recomendar una lista de patógenos prioritarios.

Es así que después de establecer nuevos récords de velocidad en el desarrollo de vacunas seguras y efectivas contra el Covid-19, herramientas de primera generación que además lograron bajar el tiempo de diseño de una vacuna de 10 años a 11 meses, ahora los científicos se encuentran en una nueva fase de la carrera. Esta vez su objetivo es desarrollar una próxima generación de vacunas y detectar nuevos patógenos que puedan poner a la humanidad por delante, no solo del SARS-CoV-2 y sus variantes virales, sino de muchas otras futuras amenazas potenciales. 

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