Qatar 2022: Estadios y esclavos modernos

Desde que se conoció en 2010 que Qatar sería el anfitrión del Mundial 2022, 6 mil 500 inmigrantes provenientes de India, Pakistán, Nepal, Bangladesh y Sri Lanka murieron en las obras de construcción.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– No sólo los ojos del orbe futbolístico pusieron su atención sobre Qatar cuando se anunció que sería la sede de la Copa del Mundo 2022, también lo hicieron organizaciones civiles, instituciones públicas y periodistas ajenos al mundo del balompié, pues desde entonces se hablaba sobre la violencia sistémica por parte de la nación hacia los trabajadores migrantes. Jornadas interminables, escasas medidas de seguridad y condiciones insalubres en sus viviendas son algunas de las denuncias hechas contra Qatar.

El diario británico The Guardian compartió en 2021 una cifra escalofriante… Desde que se conoció en 2010 que Qatar sería el país anfitrión del Mundial 2022, 6 mil 500 inmigrantes provenientes de India, Pakistán, Nepal, Bangladesh y Sri Lanka murieron en las obras de construcción de seis estadios y remodelación de dos, así como en el programa de construcción de carreteras, hoteles, vías de transporte público y el aeropuerto internacional Hamad.

De acuerdo con un informe de Amnistía Internacional (AI), la organización comprobó diversos certificados de defunción de trabajadores migrantes que tenían entre 30 y 40 años. Dichos documentos sólo se limitan a explicar los decesos por “causas naturales” o “insuficiencia cardiaca”.

Cifras del Banco Mundial indican que en 2021 la población total de Qatar fue de 2 millones 930 mil 524 personas, donde 79% corresponde a migrantes. Y, de acuerdo con AI, la población migrante en Qatar equivale a 90% de la mano de obra de ese país, proveniente en su mayoría de Filipinas, Nepal e Indonesia.

El Comité Organizador explicó que sólo 37 de los 6 mil 500 trabajadores habrían muerto en obras de los estadios de la Copa del Mundo. Y que de ellos, 34 no fueron considerados accidentes de trabajo. A estas declaraciones se sumó la propia Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA), la cual aseguró que “la frecuencia de accidentes en las obras del Mundial fue baja en comparación con otros grandes proyectos de construcción en todo el mundo”.

Ante esta situación, AI se pronunció: “Hay una verdadera falta de claridad y transparencia sobre esas muertes”. El Sistema Kafala, el cual se puede traducir como “patrocinio”, define la relación entre los trabajadores extranjeros y su patrocinador local, que suele ser su empleador. Éste fue creado para asegurar una oferta abundante de mano de obra barata.

Dicho Sistema se encuentra en los países del Consejo de Cooperación del Golfo: Arabia Saudita, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Kuwait, Líbano, Omán y Qatar.

Vejaciones

En entrevista, Indira Sánchez-Bernal, internacionalista especializada en Medio Oriente, explica que el escenario al que se acercaron los migrantes a su llegada a Qatar no era muy alentador. Detalla que en el sistema de empleo Kafala los trabajadores llegaban con el empleador y éste los hacía trabajar durante horas y horas.

El diario El Clarín realizó una investigación sobre las llamadas “camas calientes”, donde los obreros intentaban vivir en talleres donde se trabaja las 24 horas al día. Allí duermen en turnos de cinco horas. El trabajador se levanta y le cede la cama a un compañero y así, sucesivamente, cada cinco horas, todos los días. La justificación de los empleadores es que esto permite aumentar la producción.

Y la doctora Sánchez-Bernal continúa: “Los empleadores les prometían una vivienda y en ella los migrantes vivían hacinados, como en un sistema de servidumbre”.

A la falta de higiene se suma la inseguridad. AI relata que en una labor de campo se encontró a más de 20 hombres durmiendo en habitaciones para ocho personas. Y, de acuerdo con lo que reporta dicha organización, las normas para la protección de los trabajadores permiten como máximo cuatro camas por habitación, además de prohibir el uso compartido de camas y el uso de literas.

AI continúa enumerando la precaria situación laboral de los migrantes: los agentes de contratación realizan promesas falsas acerca del sueldo que recibirán los trabajadores, y sobre la clase de empleo ofertado. Muchos migrantes buscan trabajo en Qatar para huir de la pobreza, pero para conseguir empleo deben pagar elevadas comisiones.

La ONG también estableció que los trabajadores pagan sumas que van desde 500 a 4 mil 300 dólares a contratistas en sus países de origen. Muchos terminan endeudados por lo que temen dejar su empleo cuando llegan a Qatar.

También fue denunciado que en ocasiones no se pagan los sueldos a lo largo de varios meses, esto puede traer como consecuencia que los obreros no puedan pagar su comida, enviar dinero a sus familias ni hacer pagos sobre préstamos asociados a la contratación.

Además, algunos empleadores no expiden o renuevan el permiso de residencia a sus trabajadores, esto pese a que están en la obligación de hacerlo según el derecho qatarí. Con estos documentos de identidad los obreros pueden demostrar que cuentan con el permiso para vivir y trabajar en Qatar, pero sin esos papeles pueden terminar encarcelados o multados.

Otras de las violaciones a los derechos de los trabajadores migrantes es cuando los empleadores les quitan el pasaporte a los obreros, y si quieren salir de Qatar, deberán conseguir un “permiso de salida” aprobado por su empresa. Misma situación ocurre si desean cambiar de trabajo.

La organización internacional critica que, pese a que la FIFA tenía conocimiento acerca del sistema Kafala, decidió adjudicar a Qatar la organización del certamen, sin imponer alguna condición que garantizara los derechos laborales de los trabajadores migrantes.

Avance en duda

Sánchez-Bernal explica que evidentemente había una violación a los derechos humanos y laborales, pero en 2017 el gobierno comenzó a introducir reformas jurídicas para mejorar las condiciones de trabajo y de vida de los migrantes. Incluso se generó una ley para proteger a los obreros del calor extremo y se establecieron iniciativas para buscar indemnizar a aquellas personas que hubieran sufrido el robo de su salario.

“Los trabajadores ya podrían cambiar de trabajo si lo desean, solamente tienen que avisar con un mes de anticipación a su empleador”. Además, también pueden salir del país sin el permiso de sus entidades empleadoras. “Todo esto ha cambiado y se visualiza a partir de 2020, por supuesto que hay una intención de demostrar que existe respeto hacia los derechos humanos”, comenta Indira Sánchez.

Pero AI expone que, “pese a su promesa, el gobierno qatarí no aplicó ni hizo cumplir las reformas, lo que permitió el resurgimiento de prácticas abusivas y reavivó los peores elementos del sistema Kafala”.

“Trabajamos de enero a enero, de domingo a domingo. Sin ningún día de descanso. Si te ausentas un día, te deducen dos o más días del sueldo”, explicó ­Godfrey, un migrante de Uganda a AI.

La ONG es tajante al explicar que los migrantes continúan enfrentándose a requisitos burocráticos cuando buscan cambiar de trabajo sin el permiso de su entidad empleadora, pese a que esto dejó de ser un requisito legal.

En diciembre pasado el gobierno informó que 242 mil 870 trabajadores migrantes pudieron cambiar de empleo tras las reformas de septiembre de 2020; no obstante, no publicó la cifra de quienes lo habían conseguido hacer sin el permiso de su entidad empleadora, información clave para medir el avance en derechos laborales, expone la organización.

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