Psicoanálisis del confinamiento: ¿qué nos pasó?

Cd. de México (Reforma).- Para el psicoanalista José Ramón Ubieto, (Huesca, España), autor del libro El mundo pos-Covid: Entre la presencia y lo virtual, la pandemia ha agravado todas las brechas en la sociedad: sociopolítica, digital, de género… y ha creado otra, la corporal, que divide a la población entre los trabajadores esenciales, como personal de salud, policías y transportistas, y los que pueden refugiarse en el teletrabajo.

Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis y profesor de la Universitat Oberta de Cataluña, el también psicólogo clínico advierte que ante los retos que ha dejado la contingencia -recuperar los vínculos, elaborar los duelos por las pérdidas y aprender a vivir con la incertidumbre- la solución no es huir a realidades virtuales, como el metaverso, sino fortalecer la conversación individual, comunitaria y política.

“No hay nueva normalidad porque lo normal ya no existía antes: la pandemia ha exacerbado todas las brechas existentes (sociopolítica, digital, de género) y ha inventado otra: la corporal”.

José Ramón Ubieto

Psicoanalista

¿Desde el punto de vista psicológico, qué diría usted que hemos ganado y qué hemos perdido en estos dos años de pandemia? ¿Vale la pena retomar lo que éramos hace dos años?
Todo apunta a que la pandemia ha supuesto una disrupción y por tanto no es posible imaginarla como un paréntesis que nos permitiría volver al momento anterior. No hay lugar para la nostalgia y tampoco para la idealización de un metaverso futuro, pensado como un universo paralelo a lo presencial. Hemos ganado en consciencia de vulnerabilidad e interdependencia -otra cosa es qué sacaremos como conclusiones operativas de esta enseñanza- y hemos perdido en muertes, salud física y mental, recesión económica, proyectos truncados, abrazos y encuentros reprimidos

¿Cuáles diría, a grandes rasgos, que han sido las sensaciones comunes por las que hemos pasado durante esta pandemia?
La pandemia ha sido un carrusel de afectos y efectos. Desde la perplejidad inicial por el surgimiento de un acontecimiento traumático (por lo que tiene de brusco y falto de una significación clara), la angustia y miedo subsiguiente en relación a la muerte y el contagio, la tristeza y rabia por las pérdidas, la indignación por la mala gestión política y por la insolidaridad de algunos (negacionistas y antivacunas) y la inhibición -para algunos- de la desescalada a la que se muestran todavía reticentes. Otros prefieren tomar riesgos para seguir viviendo y no sucumbir a la parálisis que puede provocar la incertidumbre.

¿Advierte usted que han surgido nuevos padecimientos psicológicos o que se hayan agravado tras estos dos años de pandemia?
La pandemia no ha traído ninguna nueva enfermedad mental, ni siquiera ha supuesto un aumento notable de los trastornos o enfermedades mentales (que siempre necesitan para su génesis tiempo y condiciones particulares), pero lo que no hay duda -tenemos ya muchos estudios que lo avalan- es que ha habido un aumento muy notable, y en todas las edades, del malestar psicológico con manifestaciones muy diversas y a veces graves: tentativas suicidas, autolesiones, cuadros depresivos persistentes, insomnio, trastornos de la conducta alimentaria, aislamiento social, duelos patológicos, consumos de gadgets, pantallas y tóxicos

El mundo pos-Covid… fue publicado en 2021, ¿qué podría agregar ahora sobre este aparente retorno a la “normalidad”, con más población vacunada y más actividad en las calles?
Como era previsible, la desescalada fue diversa y por tiempos. Para algunos, tan deseada como rápida -de allí muchas nuevas olas- y para otros ese “volver” tenía algo de traumático porque no sabían bien a dónde volvían (a qué “nueva” normalidad que ya no sería igual) o porque sabían bien que volvían al lugar que ya antes era percibido como hostil o precario (acoso escolar, enfermedad mental, exclusión social). No hay nueva normalidad porque lo normal ya no existía antes: la pandemia ha exacerbado todas las brechas existentes (sociopolítica, digital, de género) y ha inventado otra: la corporal, aquella que divide a la población entre los esenciales que no pueden ocultar su cuerpo en las crisis (sanitarios, policías, transportistas) y los que pueden refugiarse en el teletrabajo.

Desde su perspectiva, ¿cuáles son las claves para que las personas transiten hacia una nueva etapa, hacia el mundo postCovid?
La pandemia nos ha dejado tres retos: recuperar los vínculos, truncados o deteriorados por la distancia física (más que social), elaborar los duelos por las pérdidas sufridas en todos los ámbitos y aprender a vivir con la incertidumbre que todavía nos acompañará por un tiempo más. Para eso necesitamos tiempo y prácticas colaborativas basadas en la conversación que nos permita consensuar medidas, no sólo en el plano individual, sino también comunitario y político. Hoy, la polarización social y política es un problema serio en la convivencia ya que sitúa al odio como el pegamento social, lo que cohesiona las diferentes burbujas que los propios algoritmos de las redes sociales promueven. Frente a la ilusión de un metaverso, libre de conflictos y de fragilidades, la conversación es una solución más interesante. Sobre esto hablo en detalle en mi libro.

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