Preguntas frecuentes: pandemia del COVID-19, su impacto en la alimentación y la agricultura

P1: ¿Tendrá el COVID-19 un impacto negativo en la seguridad alimentaria a nivel mundial?

Tanto las vidas como los medios de subsistencia corren peligro a causa de esta pandemia.

La enfermedad se está extendiendo rápidamente. Ya no es un problema regional, sino un problema mundial que requiere una respuesta a nivel global.

Sabemos que al final retrocederá, pero no sabemos cuán rápido sucederá. También sabemos que esta conmoción es algo fuera de lo común, ya que afecta a elementos importantes tanto en el suministro como en la demanda de alimentos.

Nos exponemos a una crisis alimentaria inminente, a menos que se adopten rápidamente medidas para proteger a los más vulnerables, mantener activas las cadenas mundiales de suministro de alimentos y mitigar los efectos de la pandemia en el sistema alimentario.

Los cierres de fronteras, las cuarentenas y las interrupciones de los mercados, la cadena de suministro y el comercio podrían limitar el acceso de las personas a fuentes de alimentos suficientes, diversas y nutritivas, en especial en los países afectados duramente por el virus o que ya sufrían niveles elevados de inseguridad alimentaria.

Pero no hay necesidad de que el mundo entre en pánico. Globalmente, hay suficiente comida para todos. Los responsables políticos de todo el mundo deben tener cuidado de no repetir los errores cometidos durante la crisis alimentaria de 2007-08, y hacer que esta crisis sanitaria se convierta en una crisis alimentaria totalmente evitable.

A medida que el virus se propaga, los casos aumentan y las medidas se hacen más estrictas. Hay innumerables maneras, sin embargo, en las que el sistema alimentario mundial será puesto a prueba y sometido a presión en las próximas semanas y meses

  • Por ahora, las perturbaciones son mínimas ya que el suministro de alimentos ha sido adecuado y los mercados se han mantenido estables. Sin embargo, ya estamos viendo desafíos en términos de cuellos de botella logísticos (no poder mover los alimentos del punto A al punto B), y es probable que se estén produciendo menos alimentos de elevado valor (es decir, frutas y hortalizas).
  • A partir de abril/mayo, esperamos interrupciones en las cadenas de suministro de alimentos. Por ejemplo: restricciones de movimientos, así como el comportamiento primario de rechazo de los trabajadores, pueden impedir que los agricultores se dediquen a las tareas agrícolas y que los procesadores de alimentos -que manejan la gran mayoría de los productos agrícolas- se dediquen a la elaboración. La escasez de fertilizantes, medicamentos veterinarios y otros insumos podría afectar a la producción agrícola. El cierre de restaurantes y la menor frecuencia de compras en tiendas de comestibles reducen la demanda de productos frescos y pesqueros, lo que afecta a productores y proveedores. Los sectores de la agricultura, la pesca y la acuicultura se ven especialmente afectados por las restricciones al turismo, el cierre de restaurantes y cafeterías y la suspensión de los almuerzos escolares.

En cualquier escenario, los más afectados serán los segmentos más pobres y vulnerables de la población (incluidos los migrantes, desplazados y los que padecen conflictos). Los países en crisis prolongadas también sufren de una inversión insuficiente en salud pública, lo que amplificará los efectos de la pandemia.

(Más información en las Preguntas 3 y 4).

 

P2: ¿Quiénes ven más amenazadas su seguridad alimentaria y medios de vida debido a la pandemia?

Actualmente, unos 820 millones de personas en el mundo padecen hambre crónica, es decir, no consumen suficiente energía calórica para llevar una vida normal. De ellas, 113 millones se enfrentan a una grave inseguridad alimentaria aguda, un hambre tan grave que supone una amenaza inmediata para su vida o sus medios de subsistencia y les hace depender de la ayuda externa para sobrevivir. Estas personas no pueden permitirse ninguna otra interrupción potencial de sus medios de vida o del acceso a los alimentos que el COVID-19 pueda conllevar.

Las consecuencias podrían ser dramáticas si los casos de COVID-19 -ya presentes en la mayoría de las regiones del mundo-, proliferan en los 44 países que necesitan ayuda alimentaria externa, o en los 53 países donde viven 113 millones de personas que padecen inseguridad alimentaria aguda severa, y donde en muchos casos sus sistemas de sanidad pública y protección social pueden tener una capacidad limitada.

De hecho, la FAO está especialmente preocupada por el impacto de la pandemia en las comunidades vulnerables que ya están luchando contra el hambre u otras crisis -el brote de langosta del desierto en el Cuerno de África, la inseguridad en el Yemen o el Sahel, por ejemplo- así como en los países que dependen en gran medida de importaciones de alimentos, como los pequeños Estados insulares en desarrollo, y aquellos que dependen de las exportaciones primarias, como el petróleo.

Los grupos vulnerables incluyen también a los pequeños agricultores, ganaderos y pescadores, que podrían verse impedidos para trabajar en sus tierras, cuidar a su ganado o pescar. También tendrán dificultades para acceder a los mercados para vender sus productos o comprar insumos esenciales, o padecerán debido al aumento de los precios de los alimentos y su poder adquisitivo limitado. Los trabajadores informales se verán muy afectados por la pérdida de empleo e ingresos en la recolección y el procesado. Millones de niños ya se están perdiendo los almuerzos escolares de los que dependen, muchos de ellos sin acceso formal a protección social, incluido el seguro médico.

Por ejemplo, en América Latina y el Caribe, los programas de almuerzos escolares apoyados por la FAO benefician a 85 millones de niños, y son vitales para unos 10 millones que dependen de ellos, ya que estos almuerzos constituyen una de sus fuentes de alimentación más fiables a diario. Suspender los programas de comedores escolares por la pandemia pone en peligro la seguridad alimentaria y la nutrición de los niños vulnerables, al tiempo que debilita su capacidad para afrontar las enfermedades.

Además de la agricultura, también se prevén otros efectos específicos en diversos sectores. Por ejemplo, el pescado proporciona más del 20 por ciento de la ingesta media per cápita de proteínas animales para 3 000 millones de personas, más del 50 por ciento en algunos de los países menos desarrollados, y es uno de los productos alimenticios más comercializados a nivel mundial. Así pues, se prevé que haya consecuencias importantes en los medios de vida de las comunidades de pescadores, y en la seguridad alimentaria, la nutrición y el comercio, en particular en los países que dependen en gran medida del sector pesquero.

También sabemos, por las crisis sanitarias previas, que éstas pueden tener un efecto drástico en la seguridad alimentaria, en especial para las comunidades vulnerables.

Las cuarentenas y el pánico durante el brote de la enfermedad por el virus de Ébola en Sierra Leona (2014-2016), por ejemplo, provocaron un aumento del hambre y la malnutrición. El sufrimiento se agravó a medida que las restricciones de movimientos generaron tanto escasez de mano de obra en la época de la recolección de la cosecha como imposibilidad de otros agricultores para llevar sus productos al mercado. El efecto sistémico fue similar al de un terremoto, lo que pone de relieve que las estrategias de prevención y reducción de riesgos son ahora primordiales.

 

P3: ¿Cuáles son las implicaciones de la situación creada por el COVID-19 -ahora y en el futuro- para la producción alimentaria, las cadenas de suministro agrícola, pesquera y acuícola y los mercados?

La cadena de suministro de alimentos es una compleja red que implica a productores, consumidores, insumos agrícolas y pesqueros, procesado y almacenamiento, transporte y comercialización, etc.

A medida que el virus se propaga y los casos aumentan, y se refuerzan las medidas para frenarlo, existen muchas formas en que los sistemas alimentarios serán puestos a prueba y sometidos a tensión en todos los niveles en las próximas semanas y meses.

Por ahora, las interrupciones son mínimas, ya que el suministro de alimentos ha sido adecuado y los mercados han permanecido estables hasta el momento. Las reservas mundiales de cereales se encuentran en niveles holgados y las perspectivas para 2020 del trigo y otros cultivos básicos importantes son positivas.

Aunque ya se considera probable una menor producción de alimentos básicos de elevado valor (es decir, frutas y hortalizas), todavía no se percibe debido al confinamiento y la interrupción de la cadena de valor.

En el sector de la pesca y la acuicultura, las repercusiones pueden variar y ser bastante complejas. En el caso de la pesca de captura, la incapacidad de los buques pesqueros para operar (debido a la limitación o al colapso del mercado, así como a las medidas sanitarias difíciles de cumplir a bordo de un buque) puede generar un efecto dominó a lo largo de las cadenas de valor en lo que respecta al suministro de productos, en general, y a la disponibilidad de especies específicas. Además, en el caso de la pesca de captura y la acuicultura, los problemas de logística asociados a la restricción del transporte, los cierres de fronteras y la reducción de la demanda en los restaurantes y hoteles pueden generar importantes cambios en el mercado, lo que afecta a los precios.

Sin embargo, ya estamos viendo los problemas a nivel de la logística que implica el transporte de los alimentos (no poder trasladar los alimentos del punto A al punto B), y el impacto de la pandemia en el sector ganadero, debido a un menor acceso a los piensos y la reducida capacidad de los mataderos (debido a las limitaciones logísticas y la escasez de mano de obra), de manera similar a lo que ocurrió en China.

Como resultado de lo anterior, a partir de abril y mayo se esperan interrupciones en las cadenas de suministro alimentario.

El bloqueo de las rutas de transporte es particularmente perjudicial para las cadenas de suministro de alimentos frescos y puede dar lugar también a un aumento de los niveles de pérdida y desperdicio de alimentos. El pescado y los productos acuáticos frescos -que son muy perecederos y, por tanto, deben venderse, procesarse o almacenarse en un tiempo relativamente limitado-, corren un riesgo especial.

Es probable que las restricciones al transporte y las medidas de cuarentena impidan el acceso de los agricultores y pescadores a los mercados, frenando su capacidad productiva y obstaculizando la venta de sus productos.

La escasez de mano de obra podría afectar a la producción y elaboración de alimentos, en particular en las actividades intensivas en mano de obra (por ej. la agricultura o la pesca).

No se prevén subidas bruscas de precios en los principales productos básicos en los que hay suministros, existencias y la producción es intensiva en capital, pero son más probables en el caso de los productos básicos de alto valor, sobre todo la carne a muy corto plazo y los productos básicos perecederos. Por otra parte, cuando se continúa la producción y la demanda colapsa –como sucede en algunas pesquerías-, se prevé que los precios también se derrumben.

Los países en desarrollo corren un riesgo especial, ya que el COVID-19 puede provocar una reducción de la mano de obra y afectar a los ingresos y medios de subsistencia, así como a las formas de producción intensivas en mano de obra (agricultura, pesca, acuicultura). Preocupa en especial el África subsahariana, donde se encuentran la mayoría de los países afectados por crisis alimentarias.

Es necesario reconsiderar, a la luz de la pandemia, la necesidad de mejorar las normas internacionales de higiene, las condiciones de trabajo y de vida en las actividades agrícolas y a bordo de los buques pesqueros, así como en toda la cadena de valor de la pesca.

 

P4: ¿Cómo afectará la pandemia a la demanda de alimentos?

La crisis financiera de 2008 nos demostró lo que puede suceder cuando la reducción de los ingresos y la incertidumbre hacen que la gente gaste menos y que la demanda disminuya. Las ventas cayeron. También la producción. Además, los más afectados se vieron obligados a volver a estrategias de supervivencia negativas -como la venta de activos productivos, dietas menos diversificadas o la sobrepesca- para compensar las dificultades para obtener ingresos.

Al inicio del brote de COVID-19, ha habido un aumento significativo de la demanda.

La demanda de alimentos es en general poco elástica y su efecto en el conjunto del consumo será probablemente limitado, aunque los hábitos alimentarios pueden verse alterados. Existe la posibilidad de que se produzca una disminución desproporcionada del consumo de proteína animal (como resultado de los temores –sin base científica- de que los animales puedan ser huéspedes del virus) y de otros productos de mayor valor, como frutas y hortalizas (que podrían provocar una caída de los precios). Estos temores pueden ser particularmente ciertos en el caso de los productos de pescado crudo suministrados a restaurantes y hoteles, incluidas las pequeñas y medianas empresas.

La demanda de alimentos en los países más pobres está más vinculada a los ingresos y, en este caso, la pérdida de oportunidades de obtener ingresos podría repercutir en el consumo.

El temor al contagio puede llevar a una reducción de las visitas a los mercados alimentarios, y esperamos ver un cambio en la forma en que las personas compran y consumen alimentos: menor afluencia a los restaurantes, aumento de las entregas en el comercio online (como se observa en China) y un aumento de las comidas en el hogar.

Tras el brote de coronavirus, los países de todo el mundo han comenzado a implementar diversas medidas normativas destinadas a evitar una mayor propagación de la enfermedad.

Sin embargo, esas medidas podrían afectar a la producción y el comercio agrícolas. Por ejemplo, muchos países están aplicando controles más estrictos a los buques de carga, a riesgo de poner en peligro las operaciones de transporte marítimo, y en particular los bienes perecederos, como las frutas y hortalizas frescas, el pescado y los productos pesqueros.

Las medidas que afectan a la libre circulación de personas -como los trabajadores de temporada-, podrían repercutir en la producción agrícola, afectando así a los precios de mercado a nivel mundial.

Las medidas para garantizar normas sanitarias aceptables en la industria alimentaria, pueden ralentizar la producción.

 

P5: ¿Cuál es el impacto de la pandemia en la economía mundial?

Hay varias maneras de influir en la economía mundial.

En primer lugar, los mercados están más integrados e interconectados, con una economía china que contribuye en un 16 por ciento al producto interno bruto mundial. Así, cualquier conmoción que afecte a China tiene ahora efectos mucho mayores en la economía global.

En segundo lugar, las perturbaciones de la oferta debidas a la morbilidad y la mortalidad, pero también los esfuerzos de contención que limitan la movilidad y los mayores costes de la actividad empresarial debido a cadenas de suministro restringidas y un endurecimiento del crédito, afectarán a las economías, llevando a un menor crecimiento económico, o incluso a una recesión.

En marzo, la OCDE redujo su pronóstico de crecimiento económico mundial en 2020 del 2,9 al 2,4 por ciento, que sería el nivel más bajo desde la crisis financiera de hace una década, advirtiendo que una epidemia prolongada y más intensa de coronavirus podría incluso reducir esta cifra a tan sólo el 1,5 por ciento.

En tercer lugar, la demanda también caerá debido a la mayor incertidumbre, el aumento del comportamiento cauteloso, los esfuerzos de contención y el incremento de los costes financieros que reducen la capacidad de gasto.

Por último, hay una devaluación significativa del tipo de cambio con respecto al dólar EEUU, que también afectará a los países dependientes de las importaciones.

Los mercados mundiales de alimentos no son inmunes a estos acontecimientos. Sin embargo, es probable que se vean menos afectados que otros sectores más expuestos a las perturbaciones logísticas y al debilitamiento de la demanda, como el sector de los viajes, la industria manufacturera y los mercados energéticos (Fuente: Seguimiento de los mercados, AMIS, marzo de 2020). Sin embargo, dada la complejidad de las cadenas de valor alimentarias y la importancia del comercio y el transporte, esto podría volverlas muy vulnerables.

Si bien es probable que el COVID-19 represente una crisis deflacionaria para la economía mundial, que se refleja en las primeras tendencias detectadas por el Índice de precios de los alimentos de la FAO, a corto plazo el coste real de una dieta saludable podría aumentar debido al incremento del precio de los productos básicos perecederos, lo que tendría un efecto especialmente adverso en los hogares de menores ingresos y dificultaría alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Este impacto, como se muestra en el informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2019, será mayor en los países que dependen en gran medida de la importación de productos básicos. En este caso, el efecto negativo es más fuerte, ya que un aumento del 1 por ciento en la dependencia de la importación de productos básicos provoca un incremento medio de la subalimentación del 3,8 por ciento anual. Cuando el país depende de la importación de alimentos, se produce un aumento medio de la subalimentación del 8 por ciento al año. Además, el impacto de la demanda contribuirá a prolongar y empeorar las consecuencias.

 

P6: ¿Cuáles son las recomendaciones de la FAO para mitigar los riesgos de la pandemia en la seguridad alimentaria y la nutrición?

Las medidas proactivas son fundamentales y costarán menos en un momento en que los recursos económicos serán muy necesarios. Esto es doblemente cierto, dadas las crecientes expectativas de una recesión mundial. La desaceleración o contracción de la economía se ha asociado con el aumento de los niveles de hambre en 65 de 77 países en los últimos años, como advirtieron la FAO y sus asociados en el informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2019.

Entre las principales recomendaciones figuran las siguientes:

  1. Los países deben satisfacer las necesidades alimentarias inmediatas de sus poblaciones vulnerables.

Por ejemplo: asegurar que se cubran las necesidades alimentarias de emergencia; ajustar y extender los programas de protección social; ampliar el apoyo nutricional; apoyar la gestión y la prevención de la subalimentación; ajustar los programas de almuerzos escolares para que se sigan distribuyendo, incluso cuando las escuelas estén cerradas.

Por ejemplo, con la interrupción de los programas de comedores escolares apoyados por la FAO en América Latina y el Caribe, la FAO ha pedido a los gobiernos de la región que implementen medidas para apoyar a los niños cuyas familias tienen mayores dificultades para acceder a los alimentos, y garantizar que se mantenga el acceso de los niños a alimentos nutritivos. Entre las medidas sugeridas figuraban las siguientes: distribución de alimentos a las familias más vulnerables, aumento de los programas de protección social; exención de impuestos sobre los alimentos básicos para las familias con hijos en edad escolar –en especial para los trabajadores de los sectores económicos más afectados-; distribución de alimentos frescos por los agricultores y pescadores locales; utilización de una herramienta digital (aplicaciones georreferenciadas) para mejorar la comunicación sobre puntos de acceso para la entrega de alimentos, el horario de distribución y las medidas para reducir el riesgo de COVID-19.

  1. Los países deben impulsar sus programas de protección social

Esto podría suponer: aumentar el monto de las transferencias a las personas que ya se benefician de la asistencia social mediante un pago único (antes de que se produzca el pleno impacto de la crisis como medida temprana para mitigar los efectos) o garantizar pagos múltiples para ayudar a las familias a satisfacer sus necesidades básicas; proporcionar una ayuda social complementaria para compensar la pérdida de ingresos para los pequeños productores, por ejemplo; si la inseguridad alimentaria se vuelve extremadamente grave debido a los despidos masivos, la caída de las remesas, etc, estudiar la posibilidad de utilizar los bancos de alimentos, no sólo mediante el suministro directo de alimentos por el gobierno, sino también mediante donaciones de particulares, redes de solidaridad y organizaciones no gubernamentales; habilitar sistemas de pago por móviles para evitar que se interrumpa la distribución de ayudas en efectivo debido a las restricciones de movimiento; inyectar fondos en el sector agrícola, pesquero y acuícola -por ejemplo mediante un mecanismo de donaciones-, puede ayudar a las microempresas agrícolas, las pequeñas y medianas empresas, los trabajadores ocasionales y el personal asalariado que no puede trabajar para mantenerse a flote, temporalmente, mientras se interrumpe todo la actividad comercial.

Muchos gobiernos ya han introducido o impulsado medidas de protección para combatir los efectos de la pandemia en los medios de subsistencia de la población.

  1. Los países deben ganar en eficiencia y tratar de reducir los costes comerciales

Aquí se incluyen: no imponer medidas que restrinjan el comercio y la movilidad de los productos básicos; reducir el desperdicio y la pérdida de alimentos; resolver los cuellos de botella logísticos, examinar inmediatamente las opciones comerciales y de políticas y sus posibles impactos; evitar las subvenciones generalizadas a los consumidores de alimentos; reducir las restricciones al uso de las existencias; limitar los aranceles de importación cuando los gobiernos lo consideren apropiado, por ejemplo, cuando se produzca un aumento de los costes debido a la devaluación de sus monedas y otras restricciones; reducir temporalmente el IVA y otros impuestos; en caso necesario, revisar la política fiscal aplicable a los bienes importados para compensar los posibles aumentos de costes (debido a la devaluación de los tipos de cambio) y evaluar los posibles efectos de la devaluación de los tipos de cambio.

En general, evitar cualquier limitación comercial sería beneficioso para impedir que la falta de suministros de alimentos y piensos -así como de insumos agrícolas y pesqueros-, empeoren las condiciones locales ya bajo presión por las medidas de respuesta al COVID-19.

También es importante que el refuerzo de la seguridad alimentaria figure en el programa de los países más prósperos, donde actualmente se registran una mayor intensidad de casos de COVID-19. Es probable que las medidas de confinamiento afecten gravemente a los ingresos de los más vulnerables.

Los responsables de la formulación de políticas deben vigilar las tendencias y tener cuidado de no endurecer de forma accidental las condiciones de suministro de alimentos, algo que China ha logrado hasta ahora con métodos creativos y adaptativos. Las tecnologías digitales tienen un papel que desempeñar para anticiparse a los problemas y aliviar las carencias temporales, así como para reforzar la resiliencia de las cadenas alimentarias para evitar que ocurran situaciones similares en el futuro. Las nuevas tecnologías podrían facilitar la interfaz entre la oferta y la demanda, lo que sería de gran valor para los bienes altamente perecederos (como frutas, hortalizas, pescado y productos acuáticos).

Reforzar la resiliencia es un deber de todos si queremos cosechar los beneficios de la interdependencia mundial.

 

P7: ¿Cuál es la relación entre el COVID-19 y los animales?

Ya sabemos mucho sobre otros virus de la familia de los coronavirus, incluidos el SARS-CoV-1 y el MERS-CoV. La mayoría de estos tipos de virus tienen un origen en animales. Sin embargo, el virus SARs-COV-2 que causa COVID-19 es un virus nuevo y la FAO está apoyando a los países y a las instituciones de investigación en investigaciones en curso para identificar su fuente de propagación.

Hasta la fecha, no hay pruebas de que los animales puedan transmitir el virus a los humanos. Según los consejos habituales, se recomiendan las buenas prácticas higiénicas normales al interactuar con los animales. Es importante que el bienestar de los animales no se vea comprometido como resultado de la desinformación; esto también podría tener consecuencias no deseadas en la salud humana y los medios de vida.

En este momento, el mayor riesgo de propagación del COVID-19 es a través de la transmisión entre humanos.

Como parte de su mandato, la FAO coordina la prevención, preparación y detección de los patógenos prioritarios en los animales, en estrecha colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), utilizando el enfoque “Una Salud”. Este enfoque es un elemento unificador para salvaguardar la salud humana y animal, reducir las amenazas de enfermedades y garantizar un suministro de alimentos inocuos mediante una gestión eficaz y responsable de los recursos naturales.
Con respecto al COVID-19, la FAO ha activado un grupo de coordinación de incidencias, que reúne periódicamente a los socios mundiales, regionales y nacionales para garantizar la coordinación mundial de las actividades y la comunicación sobre la enfermedad desde la perspectiva de la sanidad animal y la resiliencia de los medios de subsistencia.

Para comprender mejor el papel potencial de los animales, la FAO está movilizando redes de especialistas para evaluar el riesgo de La exposición a los animales. Estamos financiando investigación y capacitación a través de nuestra red de laboratorios veterinarios en colaboración con la Agencia Internacional de la Energía Atómica (OIEA) y utilizando técnicas nucleares para tratar de detectar la posible presencia de virus en animales y el medio ambiente. Los datos resultantes de la evidencia científica ayudarán a manejar la pandemia de la manera más efectiva. La prevención de la interrupción de la producción ganadera debido a la pandemia humana COVID-19 es de suma importancia para la FAO. Para ello, la Organización está proporcionando pautas para los agricultores y trabajadores de salud animal.

 

P8: ¿Existen riesgos al interactuar con animales o consumir productos animales?

No hay evidencia de que ningún animal, incluyendo las mascotas, juegue un papel en la propagación del virus. Como práctica general cuando se atiende a cualquier tipo de animal, siempre hay que lavarse las manos antes y después de interactuar con ellos.

La carne de animales sanos que se cocina a fondo sigue siendo inocua para el consumo.

Las personas no deben manipular, sacrificar, aderezar, vender, preparar o consumir carne que provenga de animales silvestres o de ganado que esté enfermo o que haya muerto por causas desconocidas. No se debe consumir carne silvestre cruda o platos no cocinados a base de sangre de animales silvestres. Estas prácticas ponen a las personas en un alto riesgo de contraer infecciones.
Cualquier morbilidad o mortalidad inusual de los animales debe ser señalada a las autoridades de sanidad animal.

La FAO insta a los propietarios de animales a tratarlos con humanidad. Existe información engañosa sobre los posibles riesgos que plantean los animales en la propagación del virus.

 

P9: ¿Cómo ha respondido la FAO al brote de COVID-19?

Como parte de su respuesta al COVID-19, las prioridades de la FAO son: 1) ayudar a los países en desarrollo a prever y mitigar los efectos de la pandemia en la seguridad alimentaria y los medios de subsistencia de sus poblaciones; 2) contribuir al debate sobre la mitigación de los efectos de COVID-19 en el comercio y los mercados mundiales de alimentos; 3) y apoyar a los países e instituciones de investigación en los estudios en curso para identificar posibles animales huéspedes del virus y reducir los efectos indirectos para los seres humanos.

Por ejemplo:

 

  • La FAO ofrece asesoramiento en materia de políticas y comparte con los países directrices y mejores prácticas sobre: garantizar la continuidad y la protección de las cadenas de suministro de alimentos; proteger la seguridad alimentaria y la nutrición de las poblaciones vulnerables; la inocuidad de los alimentos; y asegurar la preparación para detectar rápidamente el COVID-19 en los animales y los productos de origen animal, si es necesario.
  • La FAO y la Academia China de Ciencias Agrícolas están llevando a cabo una evaluación de los efectos de la pandemia en las cadenas comerciales y los medios de vida rurales en China. En el futuro, la FAO generará información y análisis sobre la seguridad alimentaria, evaluaciones de los efectos y las necesidades y otros datos que permitirán realizar intervenciones basadas en evidencias para reforzar la seguridad alimentaria y los medios de vida de las personas.

La experiencia y los conocimientos especializados de la FAO en fortalecer las redes de seguridad y la resiliencia de las comunidades ante la inseguridad alimentaria, y sobre la inocuidad y el comercio de alimentos, pueden contribuir a los esfuerzos por salvaguardar la seguridad alimentaria, la nutrición y los medios de vida de la población.

La FAO está reorganizando su programación humanitaria y de resiliencia para garantizar la prestación continua de asistencia en los lugares donde ya hay un elevado nivel de necesidad, al tiempo que se satisfacen las nuevas necesidades que surgen de los efectos de COVID-19. Esto incluye: proporcionar a los pequeños agricultores y pastores semillas, herramientas, piensos para el ganado y otros insumos, junto con apoyo en materia de sanidad animal, para que puedan seguir produciendo alimentos para sus familias y comunidades y generar ingresos; distribuir semillas y equipos de horticultura doméstica, sistemas de almacenamiento de alimentos y aves de corral y otros animales pequeños para mejorar la nutrición de los hogares y diversificar los ingresos; y apoyar los ingresos y el poder adquisitivo mediante inyecciones de efectivo (transferencias no condicionadas/iniciativa cash+), de modo que las familias afectadas puedan cubrir sus necesidades fundamentales sin tener que vender sus activos.

 

P10: ¿Qué medidas está adoptando la FAO para proteger a su personal y garantizar que pueda seguir cumpliendo su mandato de lucha contra el hambre?

Responder al impacto de la pandemia requiere una cuidadosa planificación operativa dada la posible rápida evolución de la situación sobre el terreno. La atención de la FAO se centrará principalmente en las poblaciones rurales y costeras vulnerables, cuyos medios de subsistencia agrícolas y pesqueros se ven afectados, y en reforzar la seguridad alimentaria de las personas en lugares que ya experimentan elevados niveles de hambre.

La FAO deberá tener en cuenta diferentes escenarios de continuidad de las actividades y garantizar la seguridad y el bienestar del personal y los beneficiarios. Para ello se está llevando a cabo a nivel de país la planificación de la importancia crítica del programa. Las actividades de la FAO se han planificado junto a la OMS y los responsables de la sanidad pública a nivel de los países para que estén en sintonía con los esfuerzos de contención y los apoyen, y garanticen la seguridad y el bienestar del personal y los beneficiarios.

Nuestra labor para ayudar a los países y comunidades a derrotar el hambre no se ha detenido. El virus ha impedido que algunos de nosotros vayamos a nuestro lugar de trabajo, pero no ha interrumpido nuestro quehacer. (Más información aquí)

 

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