Peculiaridades del Hanal Pixan

Agencia YK.- El hanal pixan es un culto a los ancestros que considera el retorno del arma después de muerto.

Los mayas consideran que las almas de los muertos regresan a la tierra a fines del mes de octubre para recibir ofrendas dedicadas por sus descendientes o ascendentes vivos.

Las ceremonias del hanal pixan (literalmente “la comida de las almas”), se desarrollan en dos partes: primero son recibidas las almas de los niños durante la noche del 31 de octubre y el día siguiente, primero de noviembre, las de los adultos.

En Yucatán se considera que las almas de los muertos se quedan en la tierra una semana: el 7 de noviembre se despiden las almas de los niños y el 8 las de los adultos. En Quintana Roo se celebra la despedida de todas las almas el 24 de diciembre.

La fiesta del hanal pixan, en su forma y periodicidad actual es claramente una recuperación de la costumbre europea de los días de los muertos. Sin embargo, sus orígenes y sus deseos son visiblemente prehispánicos, aun cuando no se encuentran indicios explícitos en los textos coloniales españoles.

Una de las finalidades de los rituales para los muertos, como para la mayoría de las entidades sobrenaturales del panteón maya, es alimentar las almas entregándoles la esencia (inmaterial) de los alimentos (se habla también de suhuy, literalmente lo “puro” de las ofrendas, para insistir en su carácter intacto).

En las ceremonias para las almas de los muertos, el objetivo también es “recordar” (k’a’ah-s-ik) ascendientes o descendientes muertos.

Entre los mayas, esta conmemoración de los vivos por sus muertos culmina a través de la mención del nombre. En este sentido k’a’ahsik no solamente significa “pensar” o “recordar” a los muertos; incluye también la acción de nombrarlos, una acción peligrosa que debe realizarse dentro de un espacio y proceso ritual controlado.

Cuando las almas regresan a la tierra no recorren los espacios libremente, siempre son acompañadas/vigiladas por lo que se denomina un “pasador de almas”, cuyas ofrendas son preparadas especialmente.

Se dice que es la Ki’ichpam Màama  (la Virgen María) quien guía las almas de los niños difuntos. Yuum Kimil, la figura maya de la muerte, es la entidad quien acompaña a las almas de los adultos.

Los informantes señalan que las ofrendas dedicadas a esta entidad son cosas que se comen muy lentamente (huevo con cáscara, pata de gallina), pues la Muerte es muy ts’íik (“brava”) y cuando termina de comer, se lleva a las almas. Muchas veces parece que esta entidad es denominada o confundida como “ánima sola” o almas que no tiene parientes vivos que las recuerden.

Una explicación por la cual es posible que se mencione “ánima sola” en vez de decir “la Muerte”, reside en el peligro de mencionar los nombres de entidades poderosas, evocándolas. Ella también, como las ánimas sin parientes que les recuerden, tienen una ofrenda distinta a la de los pixan que son nombrados durante el ritual.

A veces se pone un ch’uyub enfrente de la casa para las ánimas sin parientes vivos. Pero la versión puede variar en cada comunidad y la comida que se ofrece en el ch’úuyub se considera, en Chemax por ejemplo, para Yuum Kimil, “u yúumi le pixano’obo”’ (“el cuidador/responsable de las almas”). Es decir, para la muerte, no para las ánimas sin familiares vivos.

Entre los mayas yucatecos, a la muerte sucede una serie de rituales durante el primer año. Después del fallecimiento la familia procede al velorio, que dura tres días. Durante este tiempo, hace varias ofrendas (máatan) según sus recursos económicos.

Al término de los tres días se reza un rosario en el cual se menciona por primera vez el nombre del difunto. Es en este momento cuando al fin el alma se da cuenta de que ha fallecido. Después se llevan a cabo rezos “de novena” cada ocho días —el primero de ellos llamado biix en Maní y en Chemax— y así durante un mes, al tercer mes y hasta llegar a la última novena en el aniversario de la muerte.

Desde entonces, se celebrará anualmente, ceremonia que se conoce en maya como kaabo de aanyo (“el cabo de año”). Durante este primer año de la muerte, el alma tiene un estatus particular, pues ha de cumplir con la función de kuch kiib, o “cargador de vela”, función considerada muy penosa.

Al fin de los rituales del hanal pixan, el kuch kiib tiene que recoger los cabos de velas y hacerse cargo de ellos. Además, en Kopchén se dice que el alma no puede alimentarse durante el primer hanal pixan a un año de su muerte, y tampoco se le invoca por su nombre.

Las ofrendas no son regalos opcionales sino obligaciones que los vivos tienen que cumplir con sus muertos para satisfacerles o evitar si ira.

Entre los mayas yucatecos los vivos tienen la obligación de cuidar a las almas alimentándolas y también ofrendándoles nuevas ropas. Si no están satisfechas, las almas de los muertos pueden manifestar su descontento a través de manifestaciones oníricas y llegan incluso a castigar a sus parientes vivos, mandándoles enfermedades para exigir rituales de compensación.

También las almas sin descendencia son veneradas entre los mayas yucatecos y se les ofrece comida durante el ritual anual del hanal pixan.

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