Muere Rosario Ibarra; dedicó vida a desaparecidos

Cd. de México (Reforma).- Para entender la luz de Rosario Ibarra de Piedra hay que ver el documental “Rosario: Memoria indómita”, de la cineasta argentina Shula Erenberg.

Ahí se puede ver a una Rosario muy joven, luminosa, con su esposo, el médico Jesús Piedra Rosales, y sus hijos, corriendo por las playas, felices.

Nacida en Saltillo el 24 de febrero de 1927, María del Rosario Ibarra de la Garza cultivó un pensamiento crítico desde niña: solía leer, fue buena estudiante, venía de una familia ilustrada. El porvenir, habrá creído entonces, se veía inmenso.

La mayoría no conoció a esa Rosario ordinaria hasta que Jesús, su hijo mayor, desapareció la tarde del 25 de noviembre de 1973, cuando salió de su casa en la Colonia Altavista, al sur de Monterrey, a comprar queso y una botella de aceite. Y no volvió por darse a la fuga, acusado de delitos y de pertenecer a la Liga Comunista 23 de Septiembre.

Por más que Rosario alzó la voz y promovió amparos, los perseguidores siniestros del gobierno rastrearon al hijo dos años. Incluso se metían con frecuencia a la casa en Monterrey, se llevaban cuanto querían, merodeaban armados en los alrededores, rozaban el techo con helicópteros y llegaron a sacar a su esposo y por poco lo matan a golpes.

Su hijo Jesús llegó a comunicarse con ella durante ese tiempo, sin revelar su paradero, hasta que el 18 de abril de 1975 lo detuvieron en la esquina de Félix U. Gómez y Arteaga, en Monterrey, sin que su familia volviera a saber de él.

Entonces nació la Rosario Ibarra de Piedra que todos conocieron: la que estuvo en todas las audiencias con todos los oscuros subordinados de los Presidentes; la que abordó a todos los Mandatarios en sus oficinas y mítines, desde Luis Echeverría hasta Carlos Salinas, porque a los panistas jamás les compró su afán justiciero, que fue blandengue; la que encabezó en 1977 el primer colectivo en forma con otras madres de desaparecidos, el Comité Pro Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos, Comité ¡Eureka!; la que hizo huelgas de hambre y se crucificó en el Zócalo para pedir una justicia que jamás llegó.

Ella, a la que por años le hicieron el vacío por rebelde, por disidente. Por tener colgada por años una manta contra el gobierno en su casa de Monterrey rodeada de un jardín y de sus mascotas. Por madre desesperada. Pese a no lograr justicia para ella, logró el regreso de cientos de presos políticos. “Mamá Piedra”, le decían. “Mamá Rosario”.

Esa fue la Rosario que se conoció, sin quererlo: la que recorrió el País como activista, sin encontrar nunca el eco suficiente entre la población y los gobiernos, y como candidata a la Presidencia y legisladora, una alternativa más para la denuncia porque ella nunca vio su vida involucrada del todo en fines electoreros, usualmente mezquinos, traicioneros.

Con los años, jamás perdió su carácter eléctrico al hablar de las corruptelas de los gobiernos, de sus crímenes. Siempre alzó la voz, siempre dijo que esto debía parar, que el País se encaminaba a un panorama similar al de las dictaduras militares.

Y así pasó.

Me dijo en el 2018 sobre la pandemia de desapariciones en México: “Para los familiares del Comité ¡Eureka! esta es nuestra peor pesadilla. Es lo que siempre quisimos evitar que sucediera. Desafortunadamente, aunque nuestra voluntad jamás ha flaqueado, nunca hemos tenido la fuerza de las masas. Si así hubiera sido, si la población se hubiera movilizado, no estaríamos lamentándonos hoy de tanto dolor por doquier.

“Pero siempre estamos a tiempo de hacer algo para acabar con este crimen que tanto ha ofendido a la conciencia de la humanidad. Cuando un pueblo está decidido a cambiar las cosas no hay gobierno que lo detenga y mi fe en la humanidad es la que mantiene nuestra esperanza de que algún día borraremos de la faz de la tierra este delito terrible llamado desaparición forzada”.

Aunque llegó la reivindicación, con el tiempo a Rosario le cambió la luz en la mirada y perdió mucho en el camino: a Jesús, su hijo; a su esposo, en 1993; a Carlos, su otro hijo, por Covid, en el 2020. Le quedan sus hijas Claudia y Rosario, numerosos descendientes. Pudo vivir para ver su legado crecer, verse ella misma considerada una activista patriota, una madre coraje en toda la extensión de la palabra.

Pero el dolor nunca se fue. Le pregunté en aquella entrevista: cuando piensa en el destino de Jesús, su hijo, en el de Ramiro, hijo de Alicia Ramos y en el de los otros chicos de Monterrey desaparecidos en los 70, ¿qué suele reflexionar?

“Es un inmenso dolor imaginar a mi hijo, o a Ramiro, hijo de la querida y dulce Lichita Ramos, o a Alberto López Herrera, o a José Fernando López Rodríguez, o a César Yáñez Muñoz, o a Elisa Irina Sáenz Garza, o a tantos y tantos que completamente indefensos fueron conducidos a cárceles clandestinas y campos militares donde sabemos que sufren terribles torturas.

“Cuando pensamos en ellos los vemos como eran cuando fueron sustraídos violentamente de esta sociedad. Los imaginamos libres y contentos. Nosotros no les quitamos la vida a nuestros hijos desaparecidos ni con el pensamiento. Nosotros no buscamos cadáveres ni damos muestras de ADN. El asesinato prescribe, la desaparición forzada no.

“Por eso nuestro grito de lucha es ‘¡Vivos los llevaron! ¡Vivos los queremos!’. Sabemos que quien los detuvo es el Gobierno mexicano y es él quien tiene que decir qué hizo con ellos”.

El 23 de octubre del 2019, a 44 años de la desaparición de su hijo y cuando Rosario tenía 92 años, el Senado le otorgó la Medalla Belisario Domínguez, que dejó en custodia del Presidente Andrés Manuel López Obrador: “No quiero que mi lucha quede inconclusa”, le dijo. “Es por eso que dejo en tus manos la custodia de tan preciado reconocimiento y te pido que me la devuelvas junto con la verdad sobre el paradero de nuestros queridos y añorados hijos y familiares”.

A la fecha, esto no se ha cumplido.

Su hija Rosario Piedra Ibarra, hoy presidenta de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, dijo que a su madre jamás le hubiera gustado recibir ese reconocimiento: “(Hubiera preferido) mejor ser una mujer desconocida, pero a cambio de que su hijo estuviera a su lado y no desaparecido”.

¿Cuál es su sentir, su reflexión, al asistir a eventos en los que se encuentra con madres y padres de personas que fueron desaparecidas en estos últimos años?, le pregunté en aquella última entrevista. ¿Qué piensa al escuchar sus historias?

“Como en un espejo veo en ellos mi reflejo, la misma angustia, la misma desesperación, el mismo dolor punzante que nunca acaba y ese nudo en la garganta que nos atraganta, pero que en la intimidad del hogar siempre nos hace romper en sollozos. Pero al ver a estos padres gritando y luchando por la vida y la libertad de sus hijos, al igual que nosotros, me hace pensar que estas cuatro décadas de lucha y denuncia permanente que el Comité de familiares ¡Eureka! hemos llevado a cabo -señalando al Estado mexicano como el responsable del crimen de desaparición forzada y exigiendo la libertad para los nuestros y justicia y castigo a los culpables- ha contribuido para que los que hoy sufren la desaparición forzada de algún familiar vean con más claridad que el único perpetrador de las desapariciones siempre ha sido y es el Gobierno de México”.

Así pensaba Rosario, Doña Rosario Ibarra de Piedra, siempre con la foto de su hijo en su pecho. Con la que seguramente será sepultada y que representa en parte a la mujer que dejó de ser el 18 de abril de 1975.

Precisamente un día como mañana, hace 47 años.

Rosario Ibarra de Piedra nació en Saltillo, Coahuila, el 24 de febrero de 1927.

Su hijo Jesús Piedra Ibarra, acusado de pertenecer a la Liga Comunista 23 de Septiembre, fue detenido el 18 de abril de 1975.

En 1977 fundó el Comité Pro Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos, que sería conocido como el Comité ¡Eureka!

El Comité logró encontrar con vida a más de 148 personas desaparecidas.

Tras una histórica huelga de hambre a las afueras de la Catedral Metropolitana, el Presidente José López Portillo promulgó la Ley de Amnistía en 1978. Fueron puestos en libertad más de un millar de presos políticos, regresaron 57 exiliados al País y se desistieron de unas 2 mil órdenes de aprehensión.

Primera mujer candidata a la Presidencia de la República en 1982 y 1988 por el PRT.

En agosto de 1994, el EZLN la nombró presidenta de la Convención Nacional Democrática (CND), celebrada en la selva chiapaneca, que derivaron en los Acuerdos de San Andrés.

Asesora en derechos humanos para el Gobierno del DF, en las Administraciones de Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador.

De 2006 a 2012 fue senadora.

En 2019, el Pleno del Senado le otorgó la Medalla de Honor Belisario Domínguez, en reconocimiento por su labor como activista en favor de presos, desaparecidos y exiliados políticos.

“Mala noticia: murió doña Rosario Ibarra de Piedra, quien nos recordará siempre el más profundo amor a los hijos y la solidaridad con quienes sufren por la desaparición de sus seres queridos. Ese era su verdadero partido, aun cuando admiraba a Giordano Bruno”.

Andrés Manuel López Obrador (@lopezobrador).

“Me entero con tristeza del fallecimiento de mi entrañable amiga e incansable activista y luchadora social, Rosario Ibarra de Piedra, pionera en la defensa por los derechos humanos, la paz y democracia en México. Abrazo con afecto a sus hijas, familiares y amigos. Descanse en paz”.

Ifigenia Martínez (@IfigeniaMtz).

“Nos duele la partida de Rosario Ibarra de Piedra. Mujer incansable junto con otras madres por encontrar a Jesús y a los desaparecidos durante la guerra sucia. Tenaz luchadora social. Tuve la enorme fortuna de conocerla. Tenía 15 años cuando asistí a su primera huelga de hambre”.

Claudia Sheinbaum (@Claudiashein).

“Triste saber de la noticia del fallecimiento de Rosario Ibarra de Piedra, siempre nos hará falta. Descanse en paz”.

Marcelo Ebrard (@m_ebrard).

“Recuerdo su marcha conjunta con (Cuauhtémoc) Cárdenas y Clouthier a SEGOB para protestar por el fraude electoral de (Manuel) Bartlett en 1988”.

Manuel Clouthier Carrillo (@ClouthierManuel).

“Lamentamos el fallecimiento de Rosario Ibarra de Piedra, primera mujer mexicana candidata a la presidencia, que enfrentó al Gobierno por el fraude electoral de 1988. Una gran pérdida para México. Descanse en paz”.

Partido Acción Nacional (@AccionNacional).

“Fallece Rosario Ibarra de Piedra. Luchadora incansable, de izquierda. La recuerdo el 6 de julio del 88, protestando contra el fraude electoral. Su pérdida fortalece nuestras convicciones. La Patria no se vende. La soberanía nacional se rescatará”.

Leonel Godoy (@leonelgodoy).

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