Lideran mujeres lucha contra el Covid

REFORMA.- La hondureña María Elena Bottazzi y las mexicanas Gabriela Dávila-Loaiza y Teresa García-Gasca han estado en primera línea participando en el desarrollo de vacunas y tratamientos contra el Covid y otras enfermedades. Conoce sus aportes a la ciencia latinoamericana.

Las mujeres han estado en la primera línea desde el inicio de la pandemia no solo como médicas y enfermeras, sino también en el desarrollo de tratamientos y vacunas contra el SARS-CoV-2, responsable de la pandemia que ha asolado al planeta desde hace dos años. 

   Científicas de América Latina han liderado proyectos vacunales como la neuróloga mexicana Gabriela Dávila-Loaiza quien contribuyó para que, en un tiempo récord de solo diez meses, Pfizer desarrollara una vacuna contra el Covid-19.

   La microbióloga hondureña María Elena Bottazzi ha sido postulada al Premio Nobel de la Paz 2022 por el desarrollo de Corbevax en Estados Unidos, la primera vacuna sin patente contra el virus que beneficiará a los países más pobres.

   A pesar de los obstáculos financieros y del abandono de la infraestructura en vacunas en México desde hace dos décadas, el proyecto vacunal de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), denominado Quivax, sigue adelante. Su rectora, la ingeniera bioquímica Teresa García-Gasca destaca el papel de las mujeres en el desarrollo de vacunas y pruebas de detección.

   Estas son sus historias. 

UNA VACUNA EN TIEMPO RÉCORD

Gabriela Dávila-Loaiza (CDMX, 1963)

Directora regional de Investigación Clínica para Canadá, Europa y América Latina de Pfizer

La doctora Gabriela Dávila-Loaiza es egresada de la Universidad La Salle. Estudió la especialidad de Neurología Clínica en la prestigiosa Universidad de París VI Pierre y Marie Curie. Foto: Cortesía Pfizer

Sonaba imposible que en cuestión de meses fuera posible contar con una vacuna contra el SARS-CoV-2, pero ante la situación de emergencia mundial un proceso que habría tomado una década se redujo a unos meses.

   Bajo el liderazgo de la neuróloga Gabriela Dávila-Loaiza, América Latina participó con el 25 por ciento de la muestra a nivel mundial para el protocolo de investigación. 

   Junto con el equipo internacional, tuvo la responsabilidad de definir qué países de América Latina y centros de investigación participarían en el protocolo, en este caso Brasil y Argentina. 

   Como directora regional de Investigación Clínica para América Latina, una responsabilidad que ahora abarca también a Canadá y Europa, lideró y participó en el proyecto hasta el cierre de la investigación para someterla a las autoridades regulatorias de cada país: la Administración de Alimentos y Fármacos (FDA en Estados Unidos, la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) y Cofepris en México.

   “Si me hubieras dicho: Pfizer va a crear una vacuna en cuestión de meses, te hubiera dicho ‘imposible’, generalmente nos llevamos (en) el mejor escenario ocho años y en el peor escenario 12 años. Esto implica un trabajo sobre todo de diferentes equipos a nivel internacional”, dice Dávila-Loaiza, quien “desayunaba, comía y cenaba” frente al escritorio. 

   La neuróloga mexicana comparte la satisfacción del equipo que lidera por su contribución en el desarrollo de la vacuna que implicó desde largas jornadas de trabajo y reuniones diarias con el equipo internacional hasta enfrentar la escasez de suministros, propiciada por la propia pandemia. 

   “Es un sentimiento de un gran orgullo haber aportado nuestro granito de arena para que hoy podamos regresar un poquito a nuestra normalidad”, agrega la neuróloga mexicana.

Foto REFORMA / Diego Bonilla.

   Dávila-Loaiza mira con optimismo el desarrollo de nuevas vacunas y tratamientos, a raíz de la experiencia obtenida con esta vacuna.

   “Esto es solo el principio y pronto escucharán más noticias de nosotros”, dice. “Abrió una gran puerta de posibilidades a enfermedades que hoy no tienen cura o vacunas que no imaginábamos que hoy estamos trabajando”.

   Egresada de la Universidad La Salle, su interés por el cerebro la llevó a estudiar la especialidad de Neurología Clínica en la prestigiosa Universidad de París VI Pierre y Marie Curie, en el Hospital de la Pitié-Salpêtrière en Francia.

   Es la primera mexicana en cursar la especialidad en neurología en ese hospital.

   “Quise ir a la cuna de la neurología, donde surgieron los primeros neurólogos en el mundo. Cuando pisé esa institución, levantó en mí grandes emociones”, recuerda sobre aquel tiempo.

   Decidió volver a México, un país donde dice que la ciencia ofrece oportunidades a las mujeres, ya sea en instituciones hospitalarias, en universidades o en la industria farmacéutica. Un campo que exige perseverancia, concentración y mucho trabajo.

   En su equipo priva la equidad de género con una proporción de 50/50 de hombres y mujeres y Dávila-Loaiza abandera la equidad y diversidad. En la farmacéutica, un 47 por ciento de las posiciones gerenciales y directivas son ocupadas por mujeres.

   “Si me remonto a cuando inicié en Pfizer, a lo mejor, quizás el 100 por ciento en las posiciones directivas eran hombres, te estoy hablando de casi 20 años”, ejemplifica.

   Destaca el papel de las mujeres en el combate al coronavirus, en el “campo de guerra” con las médicas y enfermeras en primera línea, pero también en la investigación.

   “Puedo decir que no solo Pfizer contribuyó al enriquecimiento de la vacuna sino varias farmacéuticas siguieron después de nosotros, las mujeres estaban ahí, conozco a muchas de ellas que participaron en este campo de la vacuna y obviamente en las universidades. En México se está trabajando para una nueva vacuna donde la mujer está siendo muy importante”, plantea.

   Concluye que la ciencia es indispensable para el crecimiento de un país.

ESPERANZA PARA PAÍSES POBRES

María Elena Bottazzi (Italia, 1966)

Microbióloga hondureña. Codirectora del Centro de Desarrollo de Vacunas del Texas Children’s Hospital en Baylor College of Medicine en Houston, Texas. Nominada al Nobel de la Paz

María Elena Bottazzi, codirectora del Centro de Desarrollo de Vacunas del Texas Children’s Hospital en Baylor College of Medicine en Houston, Texas. Foto tomada de https://blogs.bcm.edu

La vacuna Corbevax, sin patente y de bajo costo, obedece a una filosofía del Centro de Desarrollo de Vacunas (CVD, por sus siglas en inglés) en Texas codirigido por la microbióloga hondureña María Elena Bottazzi: desarrollar vacunas para que lleguen a personas pobres y sean producidas localmente.

   “Es algo que ya teníamos en nuestro ADN”, responde Bottazzi vía telefónica desde Honduras, en una visita a su país.

   Un esfuerzo contra la inequidad y la falta de acceso de los países pobres a las vacunas. Al crecer en Honduras, la científica constató las inequidades en el campo de la salud.

   “Eso viene de nuestros esfuerzos, por más de dos décadas, de desarrollar vacunas para enfermedades desatendidas”, añade Bottazzi, quien codirige con Peter Hotez el CVD. Se trata de enfermedades endémicas transmitidas por vectores o aguas y suelos contaminados

   Llamada “La vacuna del COVID-19 para el mundo”, utiliza una tecnología tradicional basada en proteínas recombinantes que permite su producción a gran escala que la vuelve accesible para inocular a la población mundial, de acuerdo con el CVD del Texas Children’s Hospital en Baylor College of Medicine en Houston.

   La científica explica que replica, de cierta manera, el concepto usado desde hace décadas para producir la vacuna de la hepatitis B, adaptado al patógeno del coronavirus.

   Su producción no cuesta más que un par de dólares, mucho más barato para un país que comprar vacunas de 10, 15 o 20 dólares, y más aún, dice la científica, si deberá integrarse a programas a largo plazo.

   De acuerdo con la empresa de biotecnología con sede en India, Biological E, planea producir más de mil millones de dosis en 2022.

   Bottazzi asegura que el CVD trabaja además con Bangladesh e Indonesia y para crear capacidad de producirla también en África.

   “Cualquier productor de vacunas, usando el proceso de producción en levadura, puede replicar esta vacuna sin ni siquiera llamarnos porque todo está publicado”.

   Un beneficio adicional al bajo costo y producción local es el referente al público que, ante la desinformación, no confía en nuevas tecnologías. Corbevax utiliza una tecnología ensayada por mucho tiempo.

   “Esto puede cerrar también esa brecha de desconfianza y permitir que no solo lleguemos a los lugares donde no llegan las vacunas, sino que también puedan incrementar el acceso y la aceptación, y también usarlas no solo como refuerzo sino en uso pediátrico”.

   India ya autorizó el uso de emergencia de la vacuna para menores de 12 a 18 años.

   Sobre la posibilidad de que la vacuna pudiera llegar a México, Bottazzi refiere que llevan más de una década de trabajar en el País para desarrollar la vacuna contra la enfermedad de Chagas y lo mantienen informado sobre su portafolio de vacunas.

   Confirma el interés por la nueva vacuna y la científica ha hecho presentaciones ante varias instancias de Gobierno, incluida la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Peter Hotez y Bottazzi en el laboratorio del CVD.

   “Sí hemos recibido mucho interés, es obviamente un proceso no solo científico, tiene que ver también el aspecto financiero, de implementación. Lo que puedo decir es que México tiene toda la capacidad para poder replicar esta vacuna de una manera pública o privada”.

   Bottazzi reconoce la voluntad de México para renovar su capacidad de producir vacunas en el ámbito público y privado.

   “La gente cree que en nuestros países no hay capacidad”, agrega la investigadora, preocupada por divulgar el trabajo científico y en particular el de las mujeres.

   Su aspiración es forjar más alianzas regionales y propiciar la colaboración entre países para lograr la autosuficiencia.

   La científica defiende la idea de la vacuna y la vacunación como un bien público.

   “A final de cuentas (las vacunas) son más usadas, subvencionadas por programas gubernamentales, aunque obviamente también hay vacunas que tienen su modelo comercial, pero al final la vacuna es un modelo de medicina preventiva que en teoría debería ser accesible a toda la población mundial”.

   Cuando se habla de situaciones de emergencia, plantea, “remover barreras es lo ideal”. Aunque las multinacionales y cada tecnología tienen su propio modelo.

   “La liberación de patentes por sí sola no es suficiente, cuando algo es muy complicado requiere la capacitación de personal y la construcción de infraestructuras. Tal vez no es tan simple como decir liberemos las patentes y todo se resolvió, tiene que ir mano a mano con este concepto de crear la capacidad local y que la investigación y desarrollo también se convierta indígena porque al final los descubrimientos tienen que ser apropiados a la problemática de la región”.

   Por la primera vacuna sin patente, Bottazzi ha sido nominada al Premio Nobel de la Paz 2022 junto con Peter Hotez, por la vacuna segura y accesible contra el Covid-19. Un honor que refleja, dice, sus raíces hondureñas.

AVANZA PROYECTO MEXICANO

Teresa García-Gasca (CDMX, 1964)

Ingeniera bioquímica industrial y doctora en ciencia de los alimentos. Ciudad de México, 1964. Rectora de la Universidad Autónoma de Querétaro.

El interés en la ciencia de Teresa García-Gasca se forjó desde niña y ese interés la llevó a la biomedicina. Foto Cortesía UAQ.

A pesar de los obstáculos financieros y del abandono de la infraestructura en vacunas en México desde hace dos décadas, el proyecto vacunal de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), denominado Quivax, sigue adelante.

   Su rectora Teresa García-Gasca destaca el papel de las mujeres en el desarrollo de vacunas y pruebas de detección.

   “El papel de las mujeres ha sido de impulso, de confianza en la ciencia mexicana, de creer que sí podemos, de creer que las cosas pueden seguir adelante y México está preparado para dar respuesta a este tipo de situaciones aun cuando las vemos coartadas, fundamentalmente, por falta de voluntad”, sentencia la ingeniera bioquímica, primera universitaria en su familia.

   Cuando hay voluntad, ataja, hay recursos y forma de abrir camino.

   En marzo de 2020, la UAQ comenzó a trabajar en una primera versión de su vacuna contra el Covid-19, a partir de la variante original del SARS-CoV-2 con resultados muy alentadores en animales.

   Tras el surgimiento de otras variantes, en el otoño de ese año, el equipo decidió reestructurar la molécula elegida como prospecto.

   El proyecto vacunal de la UAQ no recibió apoyo del Conacyt, a diferencia del apoyo millonario otorgado a Patria, de la farmacéutica veterinaria Avimex, por 150 millones de pesos. A falta de recursos, en marzo de 2021, la universidad organizó un vacunatón y la sociedad respondió.

   Encontró en el Grupo Neolpharma y su planta de Laboratorios Alpharma, un aliado para desarrollar en conjunto la segunda versión de vacuna, mejorada y reforzada para generar una mayor cantidad de anticuerpos protectores.

   “Vamos a probar excipientes permitidos para seres humanos para ver cual nos da el mejor resultado, y a partir de ahí repetir las pruebas en animales que Cofepris nos va a exigir dentro de la carpeta de resultados preclínicos”.

   García-Gasca lamenta el abandono en el País de la experiencia e infraestructura en vacunas desde hace al menos 20 años.

   “Nos convertimos en maquiladores después de haber sido desarrolladores y productores”, acusa.

   Toca ahora recupera esa infraestructura “tanto física como de conocimiento” y generar las alianzas necesarias.

Instalaciones del Parque Biotecnológico de la UAQ. Foto Cortesía UAQ.

   El interés en la ciencia de García-Gasca se forjó desde niña. Sin saber de qué se trataba, tenía la inquietud por conocer más acerca del descubrimiento de moléculas que pudieran ayudar en el tratamiento de enfermedades. “El cáncer fue una pregunta que tuve desde muy pequeñita”, un interés que la llevó al área biomédica.

   Lleva 24 años dedicada al desarrollo de una molécula contra el cáncer de colon, a partir de una proteína que se extrae de un tipo de frijol.

   “La idea sería tener una alternativa farmacológica que, en conjunto con otras alternativas, pueda dar un mejor resultado. Nuestra proteína ha mostrado ser efectiva en tumores tempranos de cáncer de colon”.

   La científica explica que el tiempo que tarda una molécula para ser aplicada es de 20 a 30 años. Un tiempo que puede reducirse de contar con los recursos suficientes. Los recursos han sido constantes, pero a cuentagotas, lo que le ha permitido no detenerse. Aunque admite, no es lo ideal en cuanto a la velocidad que hubiera deseado.

   “Ya estamos produciendo nuestra proteína recombinante, a nivel de biorrectores, ya de forma biotecnológica y ya empezando a probarla en animales de experimentación que es la parte que queremos ahora completar”.

   En la actualidad el equipo trabaja en implementar en el bioterio de la UAQ las técnicas de buenas prácticas para, llegado el momento de someter la molécula a Cofepris, cumpla con el requerimiento.

   García-Gasca pugna por más mujeres en la ciencia.

   “Nos hacen falta más modelos a seguir para las niñas pero, por otro lado, hay que empoderar a las mujeres, hay que ayudarlas a romper los techos de cristal porque hay gran talento y capacidad”.

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