La paradoja de las vacunas entre Estados Unidos y América Latina

La vacunación contra el COVID-19 ha desnudado una paradoja cruel en el continente americano: mientras los países abajo del Río Bravo sufren por conseguir dosis, en Estados Unidos se ofrecen premios de un millón de dólares para que la gente quiera ponérselas.

El presidente estadounidense, Joe Biden, ha señalado que la meta es tener a 70% de los estadounidenses totalmente vacunados para el 4 de julio. Pero al 27 de mayo apenas 51% tiene las dos dosis. La vacunación en ese país comenzó en diciembre pasado, por lo cual no alcanzar aún la meta no tiene que ver con falta de vacunas sino que al menos 18% de la la población ha decidido no vacunarse, según las últimas encuestas.

Las teorías de la conspiración y la infodemia han probado ser muy peligrosas. Entre estas teorías, que ya se ha probado son falsas, está que en las vacunas se introduce un chip de identificación por radiofrecuencia, o que son en realidad una campaña de esterilización disfrazada. Es necesario que la población en Estados Unidos entienda que, si quiere festejar la fiesta de Independencia con menores precauciones contra el coronavirus que hasta ahora, hay que lograr la inmunidad de rebaño y eso implica vacunarse. Y que hay millones de personas en otros países, como muchos en América Latina, que llevan meses esperando por una dosis.

En el estado de Florida, donde yo vivo, hemos llegado al extremo de que una escuela privada amenazó a sus profesores con perder su empleo si se vacunaban, y pidió a los estudiantes no abrazar a sus padres si estos habían recibido la vacuna.

Los manifestantes antivacunas sostienen que si el sector progresista de la sociedad habla de mi cuerpo, mi elección respecto al derecho de las mujeres a interrumpir legalmente su embarazo, entonces también habría que entender que es su cuerpo, su elección respecto a vacunarse o no. La gran diferencia es que “su elección” implica contagiar a otros, pudiendo condenarlos a morir, además de no lograr la inmunidad de rebaño tan esperada por las autoridades.

El gobierno ha intentado combatir las mentiras y teorías de la conspiración regalando premios de un millón de dólares para recién vacunados, cervezas, donas y mariguana. Junto con aplicaciones de transporte, ofrece descuentos de hasta 25 dólares (500 pesos mexicanos) por cada viaje a un centro de vacunación

El contexto es inquietante porque hablamos del país en el que 53% de los simpatizantes del Partido Republicano creen que el verdadero presidente es el exmandatario Donald Trump, según una encuesta reciente de Reuters e Ipsos. Y 25% está convencido de que Biden no es el presidente legítimo. Hay un duelo a muerte entre las conspiraciones y las evidencias científicas acompañadas de datos verificables.

Mientras tanto, el 19 de mayo la directora de la Organización Panamericana de la Salud señaló que solo 3% de la población de América Latina y el Caribe está completamente vacunada contra COVID-19. Carissa F. Etienne señaló que esto es “síntoma de la dependencia excesiva de nuestra región de las importaciones de suministros médicos esenciales. Menos de 4% de los productos médicos en uso durante la respuesta de COVID-19 provienen de la región”.

Hay países que han logrado una alta tasa de vacunación, como Chile, que el 27 de mayo estaba en el sexto lugar mundial con 41% de su población totalmente vacunada. O Uruguay, con 29%. Pero también hay países como Venezuela que solo ha logrado vacunar con la primera dosis a 1.1%, y Nicaragua con 2.6%. En Honduras el número es inexistente. Y en Guatemala, 0.2% de la población tiene una dosis completa.

Países potencia en la región como Brasil, México o Argentina han vacunado totalmente a 10%, 9.3%, y 5.5% de su población respectivamente. Lo que falta en la región, es despreciado en Estados Unidos. La desigualdad entre este y los demás países del continente es abismal y eso debería quedar como un precedente de que la situación no puede continuar igual.

Fue hasta el 19 de mayo que Estados Unidos hizo público que priorizaría el envío de vacunas a América Latina, después de que países de la región tuvieran acercamientos con China, quien ha enviado varios lotes de su vacuna Sinovac a cambio de que dejen de reconocer a Taiwán como una nación soberana. Estados Unidos ya antes había enviado lotes de vacunas AstraZeneca (no aprobadas aún en este país) a México, después de que el gobierno mexicano anunciara que redoblaría las medidas en contra de la migración de población centroamericana.

Estados Unidos y su gente deben entender que la vacuna es un privilegio que muchos millones de personas desearían tener, y que alcanzar la inmunidad de rebaño debería ser la meta a alcanzar pronto.

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