La militarización insostenible

Cd. de México (Reforma).- En el horizonte fiscal mexicano suelen encontrarse nubarrones en el sector energético y las pensiones. Sin embargo, han quedado de lado otras tormentas en formación, como es el caso de la seguridad, cada vez menos pública y más nacional.

En casi 75 años, el comportamiento del gasto militar en México como proporción del PIB actual sólo puede compararse con la década de los 50 en el siglo pasado. En el 2006, representaba 0.31 por ciento, en el 2021, 0.68 por ciento. Nunca se había invertido en gasto militar per cápita más que el año pasado (67 dólares), ni tampoco habría representado casi un 3 por ciento del total del gasto público.

En un país cuya política exterior ha sido históricamente pacífica y sin guerras civiles o golpes de estado como en otros países de América Latina, esto es sobresaliente. De una muestra de 173 países, sólo Ucrania, China y Turquía han aumentado su gasto militar en un porcentaje parecido al de México (142, 72 y 63 por ciento para el periodo 2012-2021, respectivamente. (Stockholm International Peace Institute, SIPRI de Suecia, 2022).

Como es obvio, pero a veces se pasa peligrosamente por alto, el personal de las fuerzas armadas cuesta. En un sentido más general, los empleos públicos, tengan un arma o una pluma en su mano, son presiones de gasto que en el mediano y en el largo plazo pueden ser insostenibles. El Instituto SIPRI, cuya sede se encuentra en Estocolmo, Suecia, ha sido una de las fuentes más prestigiadas para el análisis comparativo de la seguridad, sea global, nacional o simplemente pública.

En uno de sus reportes es posible advertir que México es de los países que más han aumentado su gasto, por encima de sus contrapartes en América Latina y de otras regiones del mundo. Se encuentra todavía lejos en términos per cápita y del PIB de Argentina y Brasil, pero le está tomando cada vez menos tiempo duplicar gastos. En el 2006 duplicó el gasto per cápita en dólares (4,082) respecto del que había en 1992 (2,000). Pero en el 2014, apenas 8 años después, lo duplicó con creces nuevamente (8,663), casi igual que Colombia y muy por debajo de Chile y Brasil.

Si utilizáramos la información desagregada provista por la Secretaría de Hacienda, no sólo se confirmaría lo que el SIPRI advierte, sino confirma que algunas trayectorias de gasto son más preocupantes. El presupuesto para el 2020 fue de 0.75 como porcentaje del PIB y una proyección inercial indicaría que se aproximaría a 1 punto del PIB (algo no visto desde 1949) para el 2024. Para este cálculo no se considerarían los recursos estrictamente estatales o locales, menos abundantes que los federales, pero importantes precisamente por el número de efectivos y la precariedad laboral.

Las balas y las guerras crean estados fiscales fuertes. Esto es un consenso entre el conocimiento acumulado sobre la construcción no sólo de países y gobiernos, sino de una hacienda pública como tal.

Sangre y deuda es un libro clásico del tema escrito por Miguel Ángel Centeno en 2002, pero hay otros ejemplos. México no ha tenido guerras parecidas a aquellos países considerados por Centeno, pero la “guerra” que enfrenta equivale a la de Colombia o a otros países cuyos conflictos han sido externos.

Si ponderamos la capacidad de los países para financiar la “guerra” o bien la seguridad pública, es claro que México es extremadamente débil. Y si de recursos humanos se trata, veamos aquellos cuadros que se enfrentan al mismo problema pero como parte de una burocracia dorada.

Los policías, estatales o municipales se encuentran en la penuria. La Encuesta Nacional de Estándares y Capacitación Profesional Policial (ENECAP), que dio a conocer el Inegi por primera vez en el 2018, es un buen indicador de qué tan alta anda la moral, pero mejor aún de cómo se confirma que la mayoría de los elementos financian sus herramientas de trabajo con recursos propios (más del 86 por ciento).

Según cálculos propios, de los aproximadamente 350 mil policías estatales y municipales, el 50 por ciento gana entre 5 mil y 10 mil pesos. ¿Así cómo? Sin una reforma fiscal que, entre otros temas, financie esta importante política pública, sólo conseguiremos, como en la mayoría de los casos, tapar el sol con un dedo.

Esta discusión es independiente de las consecuencias políticas y sociales del incremento de las fuerzas armadas, pero no puede ni debe ignorarse, especialmente en el contexto actual del País.

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