La inmunidad natural contra la Covid-19 podría ser menor a la esperada

ARISTEGUI NOTICIAS.- Científicos de la Escuela Yale de Salud Pública de Estados Unidos revelaron en la revista Nature que las personas infectadas por SARS-CoV-2, podrían volver a enfermarse después de un año o dos si no han sido vacunadas.

e acuerdo con un estudio al cual hace referencia la prestigiosa revista Nature, las personas infectadas por SARS-CoV-2, el virus causante de la Covid-19, podrían volver a infectarse después de un año o dos si no toman las medidas apropiadas como vacunarse o utilizar cubrebocas.

Esta conclusión surge luego de que un puñado de investigadores de la Escuela Yale de Salud Pública en Connecticut, Estados Unidos, crearan modelos de predicción basados en la relación genética existente entre el SARS-Cov-2 y otros coronavirus tales como el SARS-CoV (el cual apareció en China en 2002) y el MERS-CoV, al que se le conoce también como “coronavirus del síndrome respiratorio de Oriente Medio”.

Cuando los investigadores se refieren a “volver a infectarse meses o años después”, están aludiendo a la llamada inmunidad natural, la cual se produce cuando el organismo genera anticuerpos específicos ante un virus determinado sin que la persona haya estado previamente vacunada. Por lo que infectarse por primera vez de SARS-CoV-2 no garantiza que en el futuro no pueda existir una reinfección (salvo si se está vacunado, evidentemente).

Pero todavía se desconoce, al menos con absoluta certeza, cuánto tiempo dura a largo plazo la protección que otorgan las vacunas contra la Covid 19. Al respecto, algunos estudios recientes mencionan que la protección puede extenderse por un año, pero ésta decae ligeramente para la infección sintomática (no para la hospitalización o muerte) en aproximadamente seis meses; sobre todo en personas inmunodeprimidas o mayores de 65 años.

En Estados Unidos, por ejemplo, la campaña de vacunación con una tercera dosis comenzó el mes pasado y esta misma semana el gobierno de ese país dio luz verde para aplicar dosis extras de las vacunas de Moderna y Johnson & Johnson.

Pero volviendo al estudio publicado en Nature, para estimar la durabilidad de la inmunidad al SARS-CoV-2, el equipo de científicos de Yale buscó primero comprender cómo los niveles de anticuerpos de una infección previa afectan el riesgo de reinfección. De hecho, los datos de un estudio previo permitieron al equipo trazar el efecto de la reinfección durante años en los llamados coronavirus endémicos (a estos últimos se les llama así porque por años o décadas han convivido con nosotros). Pero el SARS-CoV-2 es tan nuevo que aún no se disponen de datos suficientes sobre su comportamiento a largo plazo.

Para llenar este vacío de información existente con respecto al virus causante de la Covid-19, los investigadores combinaron datos genéticos del SARS-CoV-2, así como de tres coronavirus endémicos (ligados al resfriado común) y otros más que están estrechamente relacionados con el primero como el SARS-CoV y el MERS-CoV. Todo ello para construir un árbol genealógico viral. Posteriormente los autores utilizaron ese árbol para modelar cómo los rasgos virales, las características de cada virus, han ido evolucionando a lo largo del tiempo.

Como lo señala el artículo de Nature, estos rasgos proporcionaron “una disminución de los niveles de anticuerpos después de la infección por SARS-CoV-2 y de otros factores necesarios para comprender el riesgo de reinfección”.

Ahora bien: ¿cuál fue el resultado? El estudio sugiere que el riesgo promedio de reinfección aumenta alrededor del 5% cuatro meses de la infección inicial y luego al 50% diez y siete meses después. Por lo que, en general, la protección natural parece durar menos de la mitad del tiempo que dura para los tres coronavirus que están relacionados con la gripe común. Algo para lo cual los científicos todavía no tienen una explicación. De hecho, se mostraron sorprendidos con los resultados.

Respecto a las conclusiones de esta investigación, Sarah Cobey, bióloga evolutiva de la Universidad de Chicago en Illinois, se mostró un tanto escéptica porque mencionó que los resultados obtenidos “se basan en el supuesto de que las similitudes genéticas de los virus estudiados predicen similitudes en rasgos relevantes para la reinfección”. También señala que “podría ser demasiado pronto para hacer una declaración segura respecto a la rapidez con que la protección disminuye después de una infección por SARS-CoV-2”.

En lo que sí coincide esta experta, es en el hecho de que el SARS-CoV-2 es un coronavirus particularmente atípico. Ello significa que es normal que la inmunidad no dure lo esperado porque, como menciona, “éste tiende a evolucionar más de lo esperado para poder escapar de la inmunidad”.

Por otro lado, algo que la medicina y los científicos en general todavía no pueden explicar del todo, es qué es aquello que hace que una persona no solamente tenga la predisposición a enfermarse por Covid-19 sino que también, en ciertos casos, pueda volverse a infectar.

Al respecto, hay consenso entre los científicos sobre el hecho de que padecimientos tales como la diabetes, la obesidad o la hipertensión sí predisponen a un individuo a enfermarse por SARS-CoV-2. Pero se desconoce, en cambio, si los factores genéticos también podrían contribuir.

En el caso de la predisposición por factores genéticos, en marzo de este año, varios equipos de investigación alrededor del mundo, a través de la iniciativa Host Genetic Initiative (HGI), realizaron un análisis del genoma de más de 100 mil personas con Covid-19. Ello con la intención de buscar pistas sobre quiénes son más propensos a enfermarse gravemente con la enfermedad.

Los resultados ­–los cuales aparecieron publicados el pasado 15 de julio en la versión impresa de la revista Nature– mostraron la existencia de una docena de variantes genéticas estadísticamente asociadas con la probabilidad de que una persona desarrolle Covid-19 y de que la enfermedad se agrave.

Pero desafortunadamente, como lo expresó Guillaume Butler-Laporte, un connotado epidemiólogo de la Universidad MacGill de Montreal, existen pocas probabilidades de que a corto y mediano plazo puedan conocerse con seguridad cuáles son las variantes genéticas que contribuyen al desarrollo grave de la enfermedad.

Lo que sí está claro es que el SARS-CoV-2 es un virus complejo y sobre todo tan nuevo, que hace falta todavía recabar y estudiar información para comprenderlo mejor. Afortunadamente tenemos todo un arsenal (las vacunas y los anticuerpos monoclonales) que está contribuyendo de manera decisiva al control de la epidemia en todo el mundo. Y veremos si en el futuro no tan lejano tendremos que convivir con él para siempre o no.

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