Jorge Rueda Amézquita, el último forjador de clavadistas

PROCESO.- Nacido en Uruapan, Michoacán, el 12 de agosto de 1946, el profesor de Educación Física estaba por cumplir los 76 años y fue premio Águila Dorada del IMSS y Premio Nacional del Deporte.

CIUDAD DE MÉXICO .- A la edad de 75 años, falleció el último gran forjador de clavadistas mexicanos: Jorge Rueda Amézquita, quien fuera entrenador de Carlos Girón, Jesús Mena, Marijosé Alcalá y Fernando Platas, entre muchos otros.

Nacido en Uruapan, Michoacán, el 12 de agosto de 1946, el profesor de Educación Física estaba por cumplir los 76 años y fue premio Águila Dorada del IMSS y Premio Nacional del Deporte.

Del libro Historia Gráfica del IMSS que escribí en el 2014 y de Historias de Alto Rendimiento, del 2004, rescato algunas anécdotas que retratan a este Gran Maestro del Deporte Mexicano. Lo vamos a extrañar profe.

Cuenta el entrenador nacional de clavados Jorge Rueda que su padre, peón de obra, solía llevarlo a ver el avance de la construcción de la Unidad Morelos. Con un taco en la mano el humilde trabajador dibujaba en el aire, para su hijo, el espacio donde estaría la alberca y el gimnasio, mientras el pequeño Jorge se imaginaba esa poza azul en la que quería pasar el resto de su vida.

El entrenador

Otro niño que entrenaba en la Unidad Morelos, de nombre Carlos Girón, era incentivado por su novel entrenador, Jorge Rueda, para formar parte de la ceremonia inaugural de la competencia de clavados de los Juegos de México 1968.

 -¿Cuándo llegaré a esto? Decía ilusionado el chamaco a su imberbe preparador, durante los ensayos en la Alberca Olímpica Francisco Márquez.

-¡Llegarás¡ ¡Lo Lograremos¡  le respondió el aprendiz de entrenador cuya familia se haría legendaria en la unidad Morelos, con su hermana Josefina atendiendo el nado sincronizado y Francisco Rueda, el más pequeño, siguiendo los pasos de su hermano en los clavados.

En la década de los 80`s se habla de un ejército de más de l4 mil maestros que trabajan en las 24 albercas del IMSS y los 114 centros de Seguridad Social donde son puestas en marcha las escuelas de iniciación deportiva, con niveles desde principiantes, intermedios y avanzados, hasta equipos de primera fuerza, y en algunos casos hasta de rango profesional, como ocurrió con el fútbol, el baloncesto y volibol.

El instituto llegó a contar con 150 entrenadores de máximo nivel como el profesor Gustavo Saggiante en basquebtol; Jorge Rueda en clavados; Guillermo Ugarte en natación y en diversas actividades sus equipos, como las Águilas del IMSS en volibol, llegaron a ser los conjuntos invencibles de la época.

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La chica de 17 años trataba de reflejar serenidad en su rostro aunque sintiera un torrente de adrenalina que buscaba controlar con una diminuta sonrisa, que sólo dejaba asomar entre salto y salto en la final de clavados desde la plataforma de los Juegos Olímpicos de Seúl 88. Marijosé Alcalá casi había sido delicadamente formada por Jesús Mena y Fernando Platas, quienes se portaban como sus hermanos mayores desde que comenzó a viajar como seleccionada de clavados del Instituto Mexicano del Seguro Social, pero ese día está sola frente a su realidad en la plataforma de los Juegos de Seúl 88.

Nadie podía creer que la niña morenita de la Unidad Morelos pueda ser la primera que traspasa, a esa edad, las rondas clasificatorias de los clavados de 10 metros en Juegos Olímpicos. Sólo ella y su maestro, Jorge Rueda, confían en su habilidad que le permitirá colocarse en noveno lugar en sus primeros Juegos.

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Casi todos lloran al término de aquellas finales en (los Juegos Olímpicos de) Barcelona, algunos con el adiós de su carrera deportiva y otros con la frustración de no lograr lo que han soñado durante años. La otra niña milagro del Seguro Social, Marijosé Alcalá, volverá a sorprender a los expertos, que no le ven ni el físico, ni el temperamento adecuado para esto, cuando se encarama al sexto lugar de la plataforma de los 10 metros en sus segundos Juegos.

A contra corriente de la atención de los expertos, Marijosé comienza a acaparar el interés en las mujeres clavadistas, quienes hasta ese momento son sólo comparsa de los caballeros águilas, quienes con su vuelo picado han ganado batallas olímpicas y mundiales en los saltos.

En cambio, las clavadistas mexicanas apenas tienen en su historial una medalla de plata de Lupita Canseco, en la Copa Mundial de 1981, que de tan lejana hace pensar a muchos que difícilmente las mexicanas alcanzarán, algún día, el nivel de los hombres.

Sin embargo, Marijosé es una guerrera consistente que ofrece feroces batallas incluso a las famosas competidoras chinas a las que enfrenta cada vez que las campeonas olímpicas, como Gao Min, compiten en el Canamex de clavados que realiza tradicionalmente el Seguro Social en Acapulco.

La competidora del Instituto es la eterna campeona nacional que sólo encuentra adversarias en sus competencias en el extranjero y será fuera de México donde escribirá su historia. En 1994, los Campeonatos Mundiales de Natación se realizaron en Roma. No obstante la competencia que reúne a los mejores de todas las especialidades del deporte acuático se lleva a cabo desde 1973, México sólo ha podido saborear un triunfo en 1975, cuando Carlos Girón ganó una medalla de bronce que gravita en la historia como la única.

Fernando Platas viene de ser tercer lugar en la pasada Copa del Mundo y es la gran esperanza del equipo mexicano, pero la historia le tiene reservado otro capítulo. En tierra de gladiadores será una mujer la que parta para siempre la historia de los clavados. Marijosé Alcalá se convierte en la primera mexicana en ganar una medalla de bronce en el Mundial, para marcar un primer peldaño que años después vencerá Paola Espinoza.

La proeza es suficiente para que la clavadista del Seguro Social logre ser la primera mujer clavadista que gana el Premio Nacional del Deporte ese año. Su leyenda se agranda cuando en 1995 se convierte también en la primera mexicana que gana medalla en la Universiada de Fukuoka, Japón, con una presea de plata que reaviva la práctica de los clavados entre las niñas de todo el país.

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Después de los Juegos Olímpicos, los años 96 y 97 fueron muy pesados (recuerda Fernando Platas). Es muy difícil terminar los Juegos y volver a agarrar a motivación y sobre todo, dos finales (olímpicas) y no pasó nada. Del Canamex de Estados Unidos me regresé; competí una prueba en Ciudad Juárez, decía esto se me está haciendo muy complicado, ya no me está gustando. Allí me gana Eduardo Rueda el Campeonato Nacional y decido cambiarme de Gustavo Osorio a Jorge Rueda.

MI papá tuvo la idea desde antes: es que el señor ya tiene medallas olímpicas ¿no te dice algo eso?…

El propio Rueda tenía sus temores. No creo que sea buen momento. Dije ¡Híjole, ahora sí estoy en el hoyo! Pensé, mejor me entreno de aquí a la Copa del Mundo y se acabó. Él iba a la universiada y me dejó con Jesús (Mena)…Para la competencia de plataforma llegó Jorge y me preguntó ¿Te estás divirtiendo? La verdad no. ¡Pues diviértete! Estamos aquí para que esto sea más fácil, no más complicado.

Jorge Rueda lo hizo abandonar la prueba de plataforma y dedicarse exclusivamente al trampolín de tres mestros (para Sydney 2000).

Hace poco nos acordamos que en el tercer o cuarto clavado llegó Jorge Rueda y me dijo: ¡vamos por la medalla! Yo me empecé a votar de la risa, en lugar de decirme algo serio me dijo una mensada. En el último clavado me dijo: ¿qué vas a hacer? Y yo muy serio respondí: bien estirado, altura, velocidad, bien cerrada la bola y caer vertical. Y si ya sabes ¿pa`que vienes a decirme? Súbete, el trampolín es todo tuyo, lúcete. En ese momento dije: va, esto es lo mío,dijo Fernando quien cerró lo ojos y se lanzó a la gloria.

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