Dos años de pandemia… y de vivir a medias

Cd. de México (Reforma).- El 27 de febrero de 2020 se registró el primer caso oficial de Covid-19. Las cifras de muertos e infectados son incontenibles. Prácticamente no hay un mexicano que no haya sufrido el contagio del virus o la pérdida de algún familiar o amigo.

El primero de los 5.7 millones de casos que vinieron después fue un hombre de 35 años con síntomas leves de una gripa. Covid-19, le diagnosticaron el jueves 27 de febrero de 2020 en el Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos. “No es de gravedad”, se apresuró a decir el Secretario de Salud, Jorge Alcocer, al día siguiente cuando hizo el anuncio.

“Produce gruesamente más de 95 por ciento de casos leves, indica la situación de una enfermedad que no pone en riesgo la vida”, añadió el subsecretario, Hugo López Gatell. “No es, repito, algo terrible, fatal, ni siquiera es equivalente a la influenza”, cerró López Obrador en su conferencia matutina.

Dos años después, las cifras de las pérdidas son incontenibles. Más de 331 mil muertes confirmadas. Más de 51 mil 297 millones de pesos en costo por indemnizaciones tan sólo en los primeros 18 meses, mucho más que cualquier huracán o sismo, según la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS). Más de 3.8 millones de mexicanos que se sumaron en el primer año de pandemia a la pobreza y pobreza extrema, según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval). Más de 5.2 millones de estudiantes que no se inscribieron al ciclo escolar 2020-2021 por motivos asociados al Covid-19, según un estudio del Inegi. Pero son sólo números. Todos buscan aún cómo retomar su vida y hay aspectos que no se saben.

“Mi hermano está bajando muchísimo de peso a raíz que le dio Covid y ya no sabemos qué hacer”, dice Mario Durán, un comerciante de Coahuila. “A mí me da dolor de espalda alta, en los pulmones, por el Covid y ando así y no sé que tomar”, añadió Isaura Valtierra, de 56 años, originaria de Toluca. “Yo estoy usando inhalador, ya que se me generó bronquitis”, dijo Tania Rivas, de 34 años de la Ciudad de México. Quienes se contagiaron de Covid, así haya sido grave, presentan secuelas en el corazón, pulmones y el cerebro, determinó un estudio publicado este mes por la revista Nature Medicine, del Reino Unido. Sin contar con la tristeza.

La señora Perla Romo Aguilar, de 60 años, gestora de cobranza en la Ciudad de México, dice que es como si siguiera mirando al mundo través de una pantalla. “No sé si es autosaboteo, salgo a la calle y a toda la gente la veo triste, hasta por cómo caminan y me cuesta retomar mi vida”.

Su madre, Juliana Refugio Aguilar, falleció el 31 de julio de 2020, en el Hospital 1 de Octubre del ISSSTE, a los 92 años. Por Covid-19, según el acta de defunción, pero ella asegura que por la tristeza ya que desde que comenzó la pandemia no la visitaron tanto. “La queríamos tanto que la dejamos sola”. El lunes 27 de julio se sintió mal y en el ISSSTE no la aceptaron porque todo estaba enfocado al Covid-19, así que la internaron en un privado una vez que confirmaron que no tenía Covid. Estuvo ahí, hasta que le diagnosticaron úlceras en el esófago pero era tan caro que volvieron al ISSSTE donde la ingresaron al área Covid. Eso mismo le diagnosticaron a su muerte.

En diciembre pasado, el Inegi presentó un estudio sobre Bienestar: el 15.4 por ciento de los mexicanos dijo sentirse deprimido. El balance anímico autorreportado fue 5.07, de una escala de -10 a +10. No es -10, no es -5: es cinco positivo, pero es la mitad de 10: un espejismo, sentir a medias. Algo así describe Noé Moya, un ex mesero de 47 años, que perdió su empleo en un bar de la Zona Rosa. Sobrevivió un tiempo vendiendo chácharas en un tianguis y ahora como guardia de seguridad en Morelia. Lo que más vigila es que la gente lleve cubrebocas. Si llevan armas ocultas no lo sabe, ya que por el Covid-19 no las puede tocar.

“La gente que era mamona, se volvió más mamona, dicen que te pueden demandar si los contagias”, afirma, y que lo que más extraña es el contacto físico. “Gracias a Dios que tengo una mujer que me aguanta y me soporta y es la única que me abraza y me soporta, porque de ahí en mas nadie, ¿eh?”, añade vía telefónica y parece gracioso, pero no lo es porque no se ríe.

Discursos así, entre la seriedad y la risa, sucedieron. El 16 de marzo de 2020, al inicio de la pandemia, Lopez Gatell, el “zar antiCovid”, autorizando al Presidente a seguir con sus giras: “La fuerza del Presidente es moral, no es una fuerza de contagio”, dijo. Dos días después, el día en que se registró la primera muerte por Covid-19, un hombre de 41 años, el Presidente mostraba sus amuletos protectores contra el virus: “Miren, aquí hay otro detente (y sacaba de la bolsa otro escapulario). Detente, enemigo, que el corazón de Jesús está conmigo”.

“Estos dos años, para algunas familias como la mía fue desastroso”, dice Mariana, una abogada de 50 años.

Todavía tiene el remordimiento de no haber tenido 500 mil pesos que les pidió un hospital en la Ciudad de México para aceptar a su padre, un vendedor de veladoras y cirios pascuales. Tenía 68 años el 13 octubre de 2020, cuando cayó enfermo. Hasta entonces, el costo promedio del tratamiento en un centro privado era de 546 mil 819 pesos, pero el porcentaje de sobrevivencia reportado era del 93.6 por ciento. El IMSS, en cambio, indicaba un costo promedio de 199 mil pesos con una mortalidad del 49.2 por ciento de los internados.

“Nos pedían 500 mil pesos para aceptarlo y obviamente no los teníamos, ni los tenemos todavía”, recuerda Mariana al teléfono.

El 10 por ciento de los trabajadores con menores salarios en México tiene cinco veces más probabilidades de morir por Covid que el 10 por ciento de los de mayor salario, y cuatro veces más de ser hospitalizado, concluyó en noviembre pasado un estudio de The Lancet. El Doctor en Ciencia Social Ernesto Jaramillo-Molina documentó por su parte que mientras que Zimbabue aumentó a 3.4 por ciento de su PIB el gasto social adicional durante la pandemia, México sólo lo elevó en 0.2 por ciento.

La peor ola de muertes sin embargo vino a inicio de 2021. El obituario del 10 de enero en un diario de la Ciudad de México era una lista de 73 muertos. El 21 de enero, se reportaron mil 803 muertes en un día y 22 mil 339 nuevos contagios.

Dos años después y con más de 85 millones de mexicanos vacunados, siguen contabilizándose los contagios: 18 mil 252 nuevos casos el jueves pasado, y 362 muertes. Las muertes han bajado, sin que se pueda saber aún lo que queda. La UNAM lleva acabo un estudio sobre el “Efecto post-Covid en la vida cotidiana”.

“No habrá un tránsito a un mundo postCovid. Pasaremos de la pandemia a la endemia, con ciclos estacionales”, considera el sociólogo Roger Bartra.

En lo laboral, quizás haya más home office, pero la abogada Mónica Aguilar considera que aún no se sabe. La reforma para regular el teletrabajo, publicada hace un año, aún no entra en vigor. “Es como bucear en la oscuridad”, dice la litigante. Y es como un resumen. Se perdieron las coordenadas de la modernidad, el espacio que es el vínculo a los otros, y al tiempo sobre cuánto va durar, ha dicho el psicoanalista español José Ramón Ubieto, autor del libro El Mundo Pos-Covid. Entre la presencia y la virtualidad.

“La pandemia ha supuesto una disrupción y por tanto no es posible imaginarla como un paréntesis que nos permitiría volver al momento anterior. No hay lugar para la nostalgia y tampoco para la idealización de un metaverso futuro”, dice.

Ubieto que, en uno de sus ensayos resumió en algo los tiempos que corren, en una canción de Gardel: “Tengo miedo del encuentro con el pasado que vuelve a enfrentarse con mi vida”.

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