Autódromo Hermanos Rodríguez: la pista que nació de una de tesis de la UNAM y que Senna consideraba “un infierno”

EL PAÍS.- Óscar Fernández Gómez creció en un taller de automóviles. En el negocio de su padre, llamado Garaje Detroit, aprendió todo sobre mecánica. Su vida siempre giró alrededor de los carros, pero eran épocas en las que “lo que papá quería que fuera su hijo, eso es lo que había que hacer”. Y su papá quería que se convirtiera en ingeniero civil. Estudió la carrera en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y para titularse pensó en grande. Decidió combinar los conocimientos que obtuvo en la universidad con su pasión de toda la vida y se dijo a sí mismo “para mi tesis voy a diseñar una pista tipo Gran Premio para México porque no tenemos una”.

Uno de los integrantes del tribunal examinador para obtener su licenciatura fue el entonces secretario de Obras y Servicios en el Distrito Federal, Gilberto Valenzuela, quien, al terminar la defensa, en 1955, le propuso a Fernández Gómez que la construyera. Adolfo López Mateos, presidente en ese momento y un reconocido aficionado a los automóviles–, autorizó la construcción de la pista que concluyó en 1959 y que hoy se conoce como el Autódromo Hermanos Rodríguez, el templo de la Fórmula 1 en México.

Hace 60 años, en 1962, fue la primera vez que el asfalto del circuito ubicado en la Ciudad Deportiva Magdalena Mixhuca, en el oriente de Ciudad de México, fue recorrido por los monoplazas de la Fórmula 1. Desde entonces, este deporte ha escrito en sus páginas episodios de gloria y tragedia, de la mano de los mejores pilotos del mundo.

Fernández Gómez, de 96 años, aguarda el Gran Premio de la Ciudad de México a realizarse este próximo domingo. Como muchos, espera que Checo Pérez salga vencedor. Lo verá desde el palco, arriba de los pits, en la pista que diseñó. “Para mí es un orgullo el haber diseñado este circuito y que más de 60 años después siga sirviendo”, afirma a EL PAÍS vía telefónica. Para su diseño, Fernández Gómez se contactó con la pista AVUS en Berlín, Alemania, así como con Indianápolis, y la pista Roosevelt Raceway, en Nueva York, las cuales pudo visitar y acceder a sus planos para diseñar su pista. “Mi papá fue piloto aviador del Ejército estadounidense en la Primera Guerra Mundial y me consiguió los manuales para hacer pistas de los aviones. De ahí saqué muchísima información para la realización de pavimentos, terraplenes, adherencia, impacto y giro de ruedas para mi pista”, agrega el ingeniero. Alejandro Rosas, historiador y escritor del libro Héroes al volante. La Fórmula 1 en México (Planeta, 2015), dice que el autódromo era muy moderno para su época, ya que “le habían metido mucho dinero”. La competición automovilística llegó a México en 1962 como una carrera de exhibición, sin que esta afecte al puntaje para el campeonato, para ver si después se instalaba el evento dentro del calendario oficial de la Federación Internacional del Automóvil (FIA).

Llegaron grandes de la época como los pilotos británicos Jim Clark y Jackie Stewart, que después se convertirían en campeones. Coincidiendo con una fecha importante y conmemorativa para el país como es el Día de Muertos, durante el primer día de prácticas, la tragedia se hizo presente en el autódromo. “Ricardo Rodríguez, que era la promesa del automovilismo mexicano, ya había terminado su práctica, pero le dijeron que otro piloto había superado su tiempo y le bajaron unos segundos. Regresó a la pista, se accidentó y murió. Fue un duelo y un luto terrible, pero en esos tiempos se seguía corriendo pasara lo que pasara”, cuenta Rosas.

A partir de 1963 el GP de México fue incluido en el campeonato de la FIA. Esa primera etapa se extiende hasta 1970, año en el que debido a la desorganización una multitud que no había pagado su boleto ingresó al circuito, obstaculizando la pista y poniendo en riesgo su vida y la de los pilotos. “La gran anécdota de ese Gran Premio del 70 es que había un perro que se metía a la pista a ladrarle a los autos cuando pasaban. En una de las curvas Jackie Stewart, campeón del mundo en ese momento, atropelló al perro y tuvo que abandonar la carrera. Fue algo totalmente inusitado y ahí fue cuando la FIA decidió quitarnos la Fórmula 1 en 1970″, explica.

En su segunda etapa, el Gran Premio de México retornó al calendario de la Fórmula 1 desde 1986 a 1992. Este nuevo momento trajo consigo la destreza en la pista y el antagonismo de rivalidades legendarias como la de Nelson Piquet y Nigel Mansell, las feroces batallas entre Alain Prost y Ayrton Senna, así como la representación mexicana en los monoplaza de un contemporáneo de los hermanos Pedro y Ricardo Rodríguez, como lo fue Moisés Solana, La estrella negra del automovilismo mexicano, apodo que se ganó por su gusto de vivir desafiando a la muerte. Esta nueva incursión automovilística introdujo la remodelación a la pista Hermanos Rodríguez, debido a los nuevos requerimientos de seguridad.

El arquitecto Manuel Medina fue el encargado de realizar las modificaciones para el retorno del autódromo después de 16 años de ausencia. Con las modificaciones se recortaron las curvas intermedias, la zona de la “horquilla” fue eliminada y la temible curva peraltada cambió de 13 a 8.5 grados de peralte, sección que fue protagonista de la competencia desde sus inicios, al ser el sitio donde Ricardo Rodríguez perdió la vida y que, décadas después, incomodaría al propio Senna y le permitiría a Mansell demostrar su talento, convirtiéndose en el único piloto que logró un rebase en la mencionada zona.

El tricampeón brasileño se accidentó en dos ocasiones en el Autódromo Hermanos Rodríguez. Una de ellas en la famosa curva peraltada en 1991 que, sumado a la mala condición del asfalto, se convirtió en su principal enemiga en esa primera sesión clasificatoria. Su segundo accidente se produjo en 1992, cuando su vehículo se despistó y golpeó contra una valla de contención a 183 kilómetros por hora. Este segundo incidente lo convirtió en el crítico número 1 de la pista mexicana. “Correr en México es verdaderamente peligroso. ¡Esta pista es un infierno!”, dijo Senna.

Tuvieron que pasar 23 años para que el Gran Premio de Ciudad de México regresara a la gran competencia automovilística. Desde el año 2015 mucho ha cambiado. En 2017, Lewis Hamilton hizo del circuito mexicano el escenario para proclamarse campeón del mundo por cuarta vez. Checo Pérez forjó su ascenso meteórico en Red Bull para convertirse el año pasado en el primer mexicano que se sube a un podio en su país.

Con la reciente extensión por dos años más del contrato del Gran Premio, Ciudad de México seguirá como anfitriona de la Fórmula 1, evento que ha superado sus épocas turbulentas y logró convertirse en la única competencia del Gran Circo que ha sido condecorada como el mejor evento del deporte durante cinco años consecutivos (2015-2019).

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